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Las lenguas, los idiomas, los diferentes códigos que usamos para comunicarnos oralmente, son sistemas verdaderamente curiosos y dignos de estudio; lejos de ser medios estáticos e inalterables; la realidad es que laten, están vivos, mutan, se modifican, se transforman para crecer, ampliarse, y en muchas ocasiones marchitarse. En multitud de oportunidades descubrimos palabras, términos, que parecían caídos en desuso y, de pronto, se revitalizan y se extienden; algo así sucedió con una palabra que en los últimos tiempos está extendiendo su uso; como casi todos los neologismos que estamos incorporando en masa al castellano, esta palabra tambien nos llega desde el inglés.

Woke.

Usada actualmente de forma fundamental en relacción con cuestiones ligadas a la identidad y el género; en su origen, en los ya distantes años sesenta del siglo pasado, se usaba en relación con las cuestiones raciales. La expresión “woke” hace referencia a la adquisición de sensibilidad ante ciertos asuntos, mas concretamente al hecho de abrir los ojos a situaciones que antes se ignoraban por desconocimiento o desinterés. “Woke” seria despertar, ponerse alerta, atento, hacia esas circunstancias. Estar “woke” no alude sencillamente a tener conocimiento o noticia de algo; si no que la expresión denota tambien tomar postura de forma combativa ante esos hechos.

Hoy ser, o estar “woke”, supone un alineamiento con las posturas y postulados del denominado bloque LGTBIQ+, estando a favor de una deconstrucción de los conceptos de sexo e identidad tradicionales, que se conciben como una imposición de una sociedad arcaica, machista, patriarcal y violenta con los “diferentes”

Que la “cultura woke” ha triunfado en nuestro tiempo es algo evidente a cualquiera que pertenezca al mundo de los vivos, y se manifiesta en las expresiones culturales, en el entretenimiento, en la educación, y desde luego en la política. Todo está imbuido en alguna manera por lo “woke”, por ese despertamiento que, es evidente para los creyentes, no tiene su origen en Diox, Es tanta la influencia de esa corriente de pensamiento, que ha influido incluso en algunos sectores religiosos; así nos podemos encontrar con las llamadas “iglesias inclusivas”, que realmente también podíamos definir como “iglesias woke”; y que se supone han despertado a esa nueva sensibilidad expresada, sobre todo, en las áreas de la sexualidad y la identidad.

¿Terrible?. Indudablemente, en muchos aspectos, sí.

Propongo, sin embargo que, apoyándonos en la idea de la evolución de la lengua con la que comenzaba este escrito; todas las iglesias de Cristo nos convirtamos en genuinas “Iglesias Woke”.

¡No cojan todavía las piedras!. Un solo momento, y unas pocas letras más para aclarar la propuesta.

Tal vez debemos reconocer que muchas de las iglesias, a pesar de sus profundas convicciones, seguras, ancladas bíblicamente, y totalmente correctas sobre los temas a los que hacemos referencia, se encuentran en todo aquellos relacionado con la identidad y la sexualidad, social y públicamente dormidas, aletargadas. Nuestro hijos van a colegios donde les enseñan la posibilidad de ser algo diferente a la forma y l identidad con la que han nacido… y dormitamos. Socialmente se promueven pecados que presentan lo malo como bueno y lo bueno como malo… y se nos oye roncar plácidamente. En ocasiones se nos agrede mediaticamente, amparándose en la tolerancia, manifestando sin embargo hacia el cristianismo una gran intolerancia….  y nos acomodamos un poco, molestos, para intentar recuperar la placidez de nuestro sueño. Desgraciadamente en muchas ocasiones somos como Jonás en aquel barco, en medio de una tormenta, al borde del naufragio, pero durmiendo placidamente.

Jonás fue increpado duramente, “¿Qué tienes, dormilón? Levántate, y clama a tu Dios”; Jonás debía salir del letargo de la inacción para tomar una postura “woke” frente a la situación que amenazaba su vida. 

Transformémonos en “iglesias woke”, en “creyentes woke”, en cristianos despiertos ante todo lo que nos está envolviendo, y que, no nos engañemos, es un ataque más a la verdad del evangelio. Tornémonos “woke”, despertando ante una realidad tan nociva, que amenaza con destruir una de las primeras creaciones divinas, la clara identidad del ser humano como hombre o mujere, heterosexuales, que se unen para formar familias que cumplan el propósito divino. ¡Despertémonos!, convirtámonos cada uno de nosotros en activistas a favor del diseño divinos, ocupemos púlpitos y bancos de iglesias, Proyectémonos también a las aceras, a los colegios, a las plazas públicas, a los medios de comunicación, a la universidad, a los partidos políticos y las asociaciones ciudadanas. ¡Despertémonos!, dispuestos a arriesgarlo todo, a perderlo todo, con tal de salir del letargo mortal del sueño. ¡Despertémonos!, no para mutar en crueles jueces que condenan al infierno a los pecadores, si no para ser voceros, atalayas, embajadores que todavía pregonan: “He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación”, “arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio”.

¿Quién sabe? ¡El Señor lo sabe! quizás aun escuchemos: “Despiértate, tú que duermes, Y levántate de los muertos, Y te alumbrará Cristo”. ¡Despertemos! ¡levantémonos en medio de esta sociedad de muertos! ¡aún es tiempo para que Cristo alumbre en un Iglesia “woke”!.

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