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Mirando hacia el horizonte que se extiende hasta el año 2033, las Asambleas de Dios se han propuesto una meta audaz y llena de esperanza: plantar un millón de iglesias en todo el mundo. Sin embargo, esta visión va más allá de la simple acumulación de números. Cada nueva iglesia representa una comunidad de fe viva, un hogar espiritual donde las vidas son transformadas por el amor de Dios. En un mundo que alberga más de 8,000 millones de almas, esta meta, lejos de ser excesiva, es un recordatorio de la magnitud de la tarea que tenemos por delante y de la urgencia de nuestro compromiso con el Evangelio.

El desafío de la unidad entre los creyentes es quizás uno de los más grandes que enfrentamos en este viaje. Inspirados por las palabras de Jesús en Juan 17:21, entendemos que ser uno no es una opción, sino una necesidad para que el mundo crea. Este llamado a la unidad no es nuevo; ha sido un tema recurrente en discursos y escritos a lo largo de la historia de la iglesia. Sin embargo, alcanzar esta unidad en la diversidad sigue siendo un desafío persistente, no solo dentro de las Asambleas de Dios sino en la iglesia universal. La unidad es más que un ideal; es una práctica diaria que requiere intención, determinación y, sobre todo, amor.

La iglesia es descrita en las Escrituras como un cuerpo compuesto por muchos miembros, cada uno con su función y propósito, pero todos movidos por el mismo espíritu. Esta diversidad es un reflejo de la creatividad infinita de Dios y, al mismo tiempo, una demostración de su poder unificador. Asambleas de Dios, con su rica tapestria de culturas, idiomas y tradiciones, encarna este milagro de diversidad y unidad. Somos distintos, pero compartimos un mismo amor; somos diversos, pero perseguimos un mismo objetivo. Esta sinfonía de diferencias, lejos de debilitarnos, enriquece nuestra fe y fortalece nuestra misión.

El Salmo 133 ofrece una hermosa metáfora de lo que significa vivir en armonía. La imagen de la unción derramándose sobre la barba de Aarón y el rocío refrescante del monte Hermón son poderosos recordatorios de la bendición y la frescura que acompaña a la unidad. Esta unidad no es pasiva; es activa y se manifiesta en acciones concretas que reflejan el amor y la gracia de Dios hacia el mundo. Es una unidad que transforma desiertos en huertos, que convierte la sequedad en frescura, y que proclama el mensaje de salvación con una voz clara y poderosa.

Ante nosotros se extiende una década de oportunidades sin precedentes. La visión MM33 es ambiciosa, pero es un reflejo del tamaño de nuestra fe y de la magnitud de nuestra esperanza en lo que Dios puede hacer a través de nosotros. Para alcanzar este objetivo, debemos recordar las palabras de Jesús, quien oró por nuestra unidad. Este no es solo un llamado a estar juntos en el mismo lugar, sino a compartir un mismo espíritu, a reconciliar nuestras diferencias y a trabajar juntos por un propósito común. Es un llamado a ser intencionales en nuestra búsqueda de la unidad, reconociendo que es la clave para que el mundo crea.

Nos encontramos en un momento crucial de nuestra historia, un tiempo para abrazar la diversidad dentro de nuestra fraternidad mundial y para renovar nuestro compromiso con la misión que Jesús nos encomendó. A través de la oración y la acción colectiva, buscaremos superar las barreras que nos dividen, pidiendo al Espíritu Santo que nos bautice nuevamente con un amor que pueda unirnos en una perfecta armonía. Este es nuestro desafío y nuestra esperanza para los próximos años: vivir de tal manera que el mundo pueda ver en nosotros el amor y la unidad de Cristo.

Confiados en el poder de Dios y guiados por su Espíritu, avanzamos hacia un futuro lleno de promesas y desafíos. Las Asambleas de Dios, con sus raíces firmemente plantadas en la fe y sus ojos fijos en la visión de MM33, está preparada para ser un faro de esperanza y un instrumento de cambio en el mundo. Que los próximos diez años sean un testimonio del poder unificador del Espíritu Santo, llevando la luz del Evangelio a todas las naciones y mostrando al mundo la belleza de la unidad en Cristo. En el poderoso nombre de Jesús, oramos y trabajamos, esperando con anticipación las maravillas que Él realizará entre nosotros y a través de nosotros.


Puede mantenerse iformado acerca de las diferentes participaciones en el Podcast de la Fraternidad Mundial de las Asambleas de Dios en: https://worldagfellowship.org/Fellowship/Podcast