Peter A. Joudry invita a la iglesia en España a construir una cultura de generosidad que nace en el liderazgo
Hablar de dinero en la iglesia despierta ilusión, pero también reservas. Hay proyectos que necesitan recursos, familias que viven bajo el peso de las deudas y personas cuya confianza quedó dañada por experiencias de manipulación. En ese terreno delicado se movió el pastor Peter A. Joudry en su enseñanza del lunes 14 de septiembre en la Fraternidad Centro de Pastores de Madrid y en la entrevista que concedió a la mañana siguiente en las oficinas de ADE. Su propuesta fue mirar más allá de una campaña de recaudación: el verdadero desafío es cultivar una cultura de generosidad.
Un camino que la congregación recorre unida
Para Joudry, esa cultura no es una técnica de financiación, sino un camino espiritual que la iglesia recorre junta. Eliminar deudas, avanzar hacia metas exigentes pero alcanzables, servir a la comunidad y celebrar cada logro forman parte del mismo proceso. La manera en que una iglesia afronta sus necesidades económicas revela cómo entiende su misión, cómo cuida a sus miembros y cómo se prepara para el futuro.
El liderazgo tiene aquí una responsabilidad decisiva: dar ejemplo y estar dispuesto a asumir primero el sacrificio que invita a otros a considerar. En su enseñanza insistía también en reconocer las distintas situaciones de los miembros y en presentar cada iniciativa como una oportunidad de participación y bendición, nunca como una carga. La confianza crece cuando la congregación comprende el propósito y ve coherencia en quienes la guían.
Donde había temor, creció la confianza
En la conversación del martes, el pastor acercó estos principios a su propia historia. Recordaba una etapa difícil en la que una división en su iglesia había reducido considerablemente los recursos. En medio de esa incertidumbre sintieron el llamado a dar e invertir en España, y después vieron llegar una provisión que superó lo entregado.
Lo significativo para él no fue solo el resultado económico. Cambió el ánimo de la congregación: donde había temor empezó a crecer la confianza. Aprender a actuar conforme a sus convicciones les permitió afrontar nuevos desafíos y reconocer, juntos, la fidelidad de Dios.
Ese aprendizaje fue gradual. Cuando pastoreaba una iglesia de unas cuarenta personas, reunían los recursos para las actividades evangelísticas antes de celebrarlas, de modo que podían recibir a quienes asistían sin añadir la presión de recaudar durante el encuentro. Cada objetivo alcanzado les daba confianza para asumir el siguiente.
Dar no es una apuesta
Joudry introdujo, sin embargo, una precisión fundamental: dar no garantiza una devolución económica. «Puede que no haya un gran retorno financiero», reconocía. La generosidad no debe plantearse como una inversión para obtener beneficios; su sentido está en honrar a Dios, que responde de maneras muy distintas.
Esa distinción resulta especialmente necesaria cuando se habla con personas heridas por el mal uso del dinero en contextos religiosos. Frente a ello, el pastor defendía la honestidad y la responsabilidad pastoral. Recordaba una ocasión en que alguien recaudó fondos de manera poco ética en una de sus iglesias: la respuesta fue reconocer públicamente lo sucedido, pedir perdón y asumir la responsabilidad.
Su criterio para invitar a dar era igual de claro: «No des ni un céntimo más de lo que el Señor te indique». Es el límite entre una invitación pastoral y la presión sobre la conciencia de las personas. Cuando alguien le decía que no quería contribuir, su respuesta era respetar esa decisión. Como recuerda la Escritura, «cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre» (2 Corintios 9:7).
Una visión que se cuenta muchas veces
Otro eje que une ambos encuentros es la visión. Las personas necesitan comprender qué se quiere hacer, por qué merece la pena y qué razones hay para confiar en que se llevará a cabo. Una necesidad económica, por sí sola, no sustituye esa explicación.
Comunicar la visión, además, requiere constancia. No basta con presentarla una vez: hay que conectarla con testimonios, avances y ejemplos de lo que está ocurriendo en la comunidad. En sus iglesias, Joudry dedicaba un momento del culto a mostrar cómo esa visión se expresaba en la vida de las personas, por ejemplo en lo que estaba sucediendo entre los jóvenes.
También subrayaba el valor de cumplir lo prometido, porque la confianza se construye cuando las acciones respaldan las palabras. Para quienes comienzan un ministerio, la trayectoria de servicio y el testimonio de quienes los conocen pueden ser la base sobre la que presentar sus próximos pasos.
De las finanzas de la iglesia a las del hogar
La conversación pasó después a la economía familiar. Ahorrar, disponer de una reserva para imprevistos y trabajar de forma ordenada para reducir las deudas son prácticas que, en su experiencia, aportan tranquilidad y amplían la capacidad de ayudar a otros. Contar con un fondo de emergencia le permite afrontar gastos inesperados sin que cada avería doméstica se convierta en una crisis.
A los jóvenes y a quienes comienzan una vida en pareja les dejó una frase concreta: «Prepárate para un matrimonio, no para una boda». El consejo apunta a pensar más allá de la celebración y establecer hábitos que sostengan la vida compartida, empezando por acordar entre los cónyuges unos principios económicos comunes, aunque uno tienda a gastar y el otro a ahorrar.
El ahorro y una forma de vida austera han permitido además que él y su esposa, Ruth, puedan dedicar tiempo a viajar y servir en otros lugares. Lo presentaba como fruto de decisiones mantenidas durante años: reservar recursos, moderar los gastos y prepararse para las etapas futuras del ministerio.
Personas antes que proyectos
Al hablar del sostenimiento de nuevos proyectos, Joudry volvió a situar a las personas en el centro. Los apoyos nacen, en gran medida, de relaciones cultivadas con interés sincero. Quienes contribuyen tienen también preocupaciones, necesidades y familias, y el vínculo debe incluir cuidado mutuo. Él mismo mantiene contacto con quienes lo apoyan para interesarse por su salud y sus circunstancias, más allá de cualquier petición económica.
Su reflexión final regresó al ejemplo del liderazgo. Un pastor que desea que su congregación participe de una visión debe mostrar también disposición a colaborar con quienes lo guían y con la misión compartida de la Iglesia. La generosidad se aprende tanto de lo que se enseña como de lo que se observa.
Para la Iglesia en España, la enseñanza y la entrevista dejan una invitación común: cultivar una generosidad acompañada de integridad, planificación y servicio. Una cultura así comienza con líderes que dan ejemplo, crece mediante una visión compartida y se fortalece cada vez que la confianza se cuida en una decisión. Más que una lección sobre finanzas, es un recordatorio de que el pueblo de Dios avanza cuando aprende a dar con alegría, con orden y con la mirada puesta en el Reino.


