El 10.º Congreso Mundial de las Asambleas de Dios se cerró en Acra con un estadio lleno, una llamada a dejar que el Espíritu Santo ponga orden y obre milagros en la Iglesia, y un anuncio especialmente significativo para el mundo hispano: el próximo congreso mundial se celebrará en Argentina en 2029. Juan Carlos Escobar, presidente de las Asambleas de Dios de España, despidió el encuentro con la oración final.

Con este sexto artículo, FIEL cierra la serie dedicada al 10.º Congreso de la Fraternidad Mundial de las Asambleas de Dios (WAGF), celebrado en Acra (Ghana) del 14 al 16 de octubre bajo el lema «Comisionados: un mandato, todas las naciones». Más abajo puede verse la emisión íntegra de la ceremonia de clausura.

Un estadio desbordado

La noche del viernes 16 de octubre, el Accra Sports Stadium vivió su concentración más multitudinaria. Tanta gente se acercó que hubo que habilitar espacios detrás del escenario, con pantallas, para quienes se habían quedado fuera. «Estáis haciendo historia», repetían los presentadores a los asistentes. «Cuando se escriba la historia del Congreso Mundial, se recordará que Ghana acogió el primero celebrado en África».

Las entrevistas de la retransmisión reflejaban la diversidad del congreso. Un pastor francés que sirve en la isla de la Reunión, en el océano Índico, hablaba de «una gran bendición del Señor». Un pastor japonés contaba que él y su esposa habían tardado dos días en llegar a Ghana, pero que la alabanza africana les había quitado el cansancio. Una delegada canadiense se llevaba a su país una convicción: «La adoración aquí es muy pura, llena de gozo y de energía. Necesitamos en todo el mundo el gozo del Espíritu en nuestra adoración». Y un pastor ghanés que sirve en Canadá resumía lo que volvía con él: «El fuego de Dios para plantar más iglesias e impactar a la nueva generación».

La alabanza de la última noche

Durante más de dos horas, la alabanza llenó el estadio con gratitud por lo vivido. «Han sido tres días y Dios ha sido bueno. Esta noche solo queremos darle gracias», decía uno de los responsables del tiempo de adoración. Cantaron el coro del congreso, un coro ghanés invitado y, como cierre de esta parte, el ministro de alabanza Joe Mettle, muy vinculado a las Asambleas de Dios de Ghana y que ha tenido un papel destacado en la organización del encuentro.

«Mantenme ardiendo hasta que venga el Rey», cantaba el estadio con Joe Mettle. «Y cuando todo esté dicho y hecho, quiero estar preparado cuando vengas y oírte decir: bien hecho, buen siervo y fiel».

Antes del mensaje, el presidente de la Alianza Africana de las Asambleas de Dios, superintendente de Gabón, dirigió una oración por África. Hombres, mujeres y pastores oraron por separado por las familias, por la nueva generación de líderes del continente y por quienes salen a plantar iglesias y a la misión. Se saludó también al expresidente de Malaui Lazarus Chakwera y a su esposa, Monica, presentes en todas las jornadas, y a varios cargos públicos y empresarios ghaneses vinculados a las Asambleas de Dios. Muchos pastores ghaneses que sirven en otros países se pusieron en pie para recibir la bienvenida «de vuelta a casa».

El Espíritu se movía sobre las aguas

El mensaje de clausura lo predicó el presidente de la WAGF, Dominic Yeo, superintendente general de las Asambleas de Dios de Singapur, a partir de Génesis 1:2:

«Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas» (Génesis 1:2).

Yeo comenzó explicando el valor de una palabra pequeña: «amén». «Todas las promesas de Dios son en él sí, y en él amén» (2 Corintios 1:20). Después de 41 años de ministerio, decía, ha visto cómo creyentes que escuchan los mismos mensajes viven realidades muy distintas. «La diferencia es que unos aprenden a recibir la Palabra. Y la reciben cuando dicen amén». Por eso, añadía con humor, una iglesia pentecostal no puede ser una iglesia callada: «Esto es un ensayo del cielo, y el cielo no será silencioso».

Antes de entrar en el texto, explicó quién es el Espíritu Santo. Jesús lo llamó «Paracleto», una palabra griega que une la idea de estar «al lado» con el verbo «llamar». «Muchas veces tratamos al Espíritu Santo como a un botones cósmico al que le pedimos que nos lleve la maleta», decía Yeo. «Claro que nos ayuda y escucha nuestras oraciones. Pero su tarea principal es llamarnos: a una vida bendecida, a su misión y a su propósito. Necesitamos aprender a escuchar su voz».

Confusión, vacío y oscuridad

Yeo describió después el estado de la tierra en el principio con tres palabras hebreas: estaba «desordenada», en confusión, «vacía», como si le faltara algo, y en «tinieblas», que también evocan desolación. «Han pasado muchísimos años y el mundo sigue igual», afirmaba. «Seguimos viviendo en un mundo confundido, con un vacío que la humanidad intenta llenar, y con guerras, destrucción y desolación». Y fue claro: «Si esta noche estás aquí y no conoces a Jesucristo, solo Jesús puede llenar ese vacío».

«Pero la Biblia no termina ahí», continuaba. «El Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas». El Espíritu que habita en el creyente es también el Espíritu que se mueve sobre las situaciones de confusión, vacío y desolación, y lo hace con dos propósitos.

Algo de la nada

El primero es obrar un milagro sobrenatural. «Dios puede crear algo de la nada», subrayaba Yeo, y recordó que el séptimo pilar de la visión MM33 es que cada iglesia de las Asambleas de Dios manifieste milagros, señales y prodigios. «No puede ser algo que pase de vez en cuando. Si crees que el Espíritu vive en ti, tienes que creer que puede manifestarse a través de ti».

Para ilustrarlo compartió dos experiencias personales. La primera ocurrió en una conferencia en Guatemala, donde, en medio de una ofrenda extraordinaria, sintió que Dios le pedía que lo diera todo, incluso el dinero que guardaba escondido en el zapato. Al volver a su asiento, contaba, encontró de nuevo dinero en la cartera y en los bolsillos. La segunda sucedió durante el congreso mundial de 2017 en Singapur, cuando su hija perdió el reloj que él le había regalado al graduarse y, después de orar, lo encontraron en un lugar donde nadie lo había dejado. «Lo importante no es la historia», aclaraba. «Lo importante es que Dios puede hacer algo de la nada. Dios puede convertir a un nadie en alguien».

Un orden divino

El segundo propósito del Espíritu es crear un orden divino. «Si estudias Génesis, verás que Dios crea la infraestructura antes que la vida», explicaba. «Si no hubiera separado la tierra del mar, ¿dónde habría puesto a los peces y a las aves?». Y aplicó esa idea a la vida del creyente y de la Iglesia: «Cuando vivimos en el orden de Dios, empezamos a ver milagros, señales y prodigios».

Habló entonces de tres maneras de entender el tiempo. El «cronos» es el tiempo de cada día, la secuencia ordinaria de las cosas. El «kairós» es el momento oportuno de Dios. «No puedes tener un kairós si no eres fiel en el cronos», insistía. Moisés pastoreó cada día las ovejas de su suegro durante cuarenta años, y de esa fidelidad surgió el encuentro con Dios en la zarza ardiente. «Si no siembras, no puedes cosechar. Si no compartes el evangelio, no habrá salvación. Si no das el paso, no podrás plantar una iglesia. Es el orden de Dios».

Y está, finalmente, el tiempo señalado. «Creo que la Fraternidad Mundial está entrando en un tiempo señalado para MM33», declaraba. «Hemos pasado de la fase de conocimiento a la de adopción, y desde esta noche entramos en la fase de impulso y defensa activa de la visión». Cuando cada iglesia haga lo que Dios le pide, concluía, la Iglesia tendrá voz para llamar a otros a seguir, «porque nadie te seguirá si no hay pruebas del poder del Espíritu».

Un testimonio de transformación

En la parte final, Yeo compartió su propia historia. Hace 41 años, contaba, era drogadicto, traficaba con drogas y estaba vinculado a bandas criminales en Singapur, y conserva en la cabeza la marca de una pelea. «La noche que entregué mi vida a Jesús, el orden de Dios entró en mi vida y quedé libre de las drogas de inmediato». Recordó con humor que dejó el instituto sin terminar y que solo estuvo diez meses en el seminario. «¿Cómo llega alguien así a donde estoy hoy? Es el orden de Dios, y Dios tiene un orden también para tu vida».

Muchos respondieron a su invitación a entregar su vida a Cristo o a volver a Él, y pasaron al frente mientras superintendentes y pastores oraban por ellos. Yeo oró también por los enfermos y por quienes habían perdido la esperanza, mientras el estadio cantaba «Cuán grande es nuestro Dios».

Gratitud y reconocimientos

Tras el mensaje, los superintendentes generales que seguían en Acra subieron al escenario y se presentaron uno a uno: de la República Democrática del Congo, el Congo, Zambia, Namibia, Botsuana, Etiopía, Sudáfrica, Liberia, Camerún, Nigeria, Zimbabue, Jamaica, Hong Kong, Corea del Sur, Sri Lanka, Indonesia, Chile, Canadá, Francia, Bélgica, Portugal, Alemania, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Singapur y España, entre otros.

Se reconoció también al comité organizador local y a las instituciones del Estado que han colaborado en el congreso, desde las Fuerzas Armadas, la Policía y los Bomberos hasta los servicios de Inmigración y el Ministerio de Asuntos Exteriores. Hubo un agradecimiento especial para los más de dos mil voluntarios, para los equipos de intercesión que llevaban cuarenta días orando en un monte por el congreso y para los miembros de las iglesias de Ghana, que lo han sentido como algo propio. «Nunca en nuestra historia había visto a los miembros de la iglesia hacer suyo un evento como este», reconocía el superintendente Stephen Wengam. Doug Clay oró para que la bendición de Dios cubriera a todos los que habían trabajado en la organización.

Rumbo a Argentina

Llegó entonces el momento más esperado. Dominic Yeo anunció la sede del próximo congreso: «En 2029, el Congreso Mundial de las Asambleas de Dios se traslada de Ghana a Argentina». La delegación argentina subió al escenario entre aplausos para recibir el testigo. «¡Vamos!», respondía el estadio.

Wengam recordó además una tradición que une a los últimos países anfitriones. Singapur, que organizó el congreso de 2017, entregó una aportación inicial de 25.000 dólares a España para la organización del congreso de Madrid. España hizo lo mismo con Ghana en 2023. Y Ghana entregó esa noche a Argentina una aportación de 30.000 dólares. «Singapur lo hizo. España lo hizo. Si Ghana, en África, lo ha conseguido, vosotros haréis más de lo que hemos hecho nosotros».

Juan Carlos cierra con oración

El congreso se cerró con una oración de Juan Carlos Escobar, secretario de la WAGF. Con todo el estadio en pie y con las manos puestas sobre el hermano de al lado, dio gracias a Dios en español, con interpretación al inglés:

«Padre, te damos gracias esta noche. Gracias por todo lo que has hecho en este congreso, mucho más de lo que nuestros ojos han podido ver. Tu Espíritu Santo ha obrado en miles de personas, no solo en Ghana, sino en muchos lugares del mundo. Celebramos todo lo que hemos vivido y declaramos, Señor, que en este tiempo has marcado nuestras vidas y has marcado la vida de las Asambleas de Dios. Tu Espíritu está sobre nosotros como nunca antes, de norte a sur, de este a oeste, de Asia a América, de Europa a África, porque tu Espíritu Santo se va a mover sobre toda la tierra. Te damos toda la gloria, la honra y la alabanza».

Antes de despedir a los asistentes, la organización agradeció de nuevo el apoyo de la Alianza Africana, de las Asambleas de Dios de Gabón y de las Asambleas de Dios de España, que en 2023 entregaron el testigo a Ghana. El domingo siguiente, las iglesias de Ghana celebrarán un culto de acción de gracias por el congreso, con un servicio nacional en el que predicará Lazarus Chakwera.

Lo que queda de Acra

Durante tres días, Acra ha sido el lugar de encuentro de la familia mundial de las Asambleas de Dios. Del llamado a «despertar al gigante» de la ceremonia inaugural al recuerdo del fuego de Azusa, del vino nuevo del Espíritu predicado por Juan Carlos a la llamada al sacrificio y a la misión, y de la Cena del Señor a la visión de un millón de iglesias, el congreso ha dejado un mensaje claro: la Iglesia tiene un solo mandato para todas las naciones y necesita el poder del Espíritu Santo para cumplirlo.

El testigo pasa ahora a Argentina. Con la mirada puesta en 2029 y en la meta de 2033, la Iglesia sale de Acra con la convicción de que el mismo Espíritu que se movía sobre las aguas en el principio sigue moviéndose hoy, poniendo orden donde hay confusión, llenando lo que está vacío y llevando luz allí donde todavía hay oscuridad.

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