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Elisabet Rego. Pastora de la Iglesia “Primera Asamblea de Dios” del principado de Asturias. Empezó el proceso de transición en su iglesia el 11 de enero del 2020. Y el 5 de junio del 2021, tras pasar el periodo de transición de manera exitosa, la junta ejecutiva la ratificó a ella como nueva pastora de manera oficial.

¿Cómo fue vivir el proceso de transición en plena crisis sanitaria?

ER: En enero cuando empezaron las votaciones nadie pensó que podía suceder todo lo que pasó, y bueno, de repente el 13 de marzo del 2020 explotó todo el tema COVID en España.  Fue un proceso complicado para mi, porque yo aún trabajaba a nivel secular, a nivel empresarial… fue un tiempo de mucha inseguridad e incertidumbre a nivel jurídico y de toma de decisiones.

Respecto a la iglesia también fue algo totalmente novedoso. Nos quedamos sin poder reunirnos, sin poder venir a la iglesia. Pero es cierto que gracias a que tenemos un gran equipo de trabajo se pudo sacar adelante todos los cultos de forma online, pero no cabe duda que fue complicado, había que hacer cosas diferentes, tomar decisiones muy diferentes, el mensaje tenía que seguir llegando a los hermanos, teníamos que seguir siendo iglesia… fue un tiempo complicado, pero a la vez de bendición.

Fue difícil en cuanto a transicionar, ya que no había mucha comunicación, nos reinventábamos cada semana, creo que como todo el mundo casi en España. Fue un año de supervivencia, nos involucramos más en la acción social y habían varios frentes que atender. Los pastores anteriores (Corcino) por temas de edad estaban más recluidos en casa, y fuimos llevando un día a la vez, siempre enfocados más en el cuidado de las personas, en cómo mantener la continuidad de escuelita dominical, de la comunidad de forma online que no había mucho tiempo para centrarse en la transición.

¿Cómo cambió la dinámica de la iglesia en esa época?

ER: Los pastores Corcino, como lo mencioné antes por temas de edad estaban más a cubierto, y las realidades iban cambiando por semana, al principio todos confinados por completo, luego se podía salir algo a la calle, luego parecía que el panorama mejoraba en verano y a todo eso se le sumaba el pensar planes de cómo mantener la continuidad, entonces todo el cuerpo pastoral de la iglesia lo que hacíamos era sumar ideas, y con ensayo-error, manteníamos y potenciábamos las ideas que funcionaban y descartábamos las que no estaban siendo productivas.

No hubo un proceso tanto de mentoreo o acompañamiento, sino más de comunicación logística sobre cómo mantenemos la iglesia a flote, más que de enfocarnos en sí en el periodo que estábamos viviendo como iglesia local.

Superada ya esta etapa Covid, cómo viviste tú y la iglesia en que te nombraban a ti pastora.

ER: En mi caso, hace algunos años ya me habían ofrecido las credenciales de ministro, pero por distintas circunstancias en mi vida personal, mis hijos estaban pequeños, no estaba pasando por una etapa ideal, así que dije que no.

Finalmente en el 2010 tomé las credenciales de pastora, y mi familia, en especial mi marido siempre me apoyó mucho. Él ha sido un pilar fundamental en mi vida a la hora de ser fiel al llamado de Dios, en este caso el de ejercer como pastora. Siempre se ha mostrado dispuesto a asumir más responsabilidades en casa para que yo pudiera acudir a los compromisos pastorales. Mi esposo es obrero en la iglesia pero no tiene como tal las credenciales de pastor, pero eso no ha generado ninguna clase de conflictos o tensiones entre nosotros, al contrario ha sido un apoyo.

¿Cómo viví la transición a nivel personal?

ER:  Con respecto a la transición ha sido algo complicado. Mi primer recuerdo con el pastor Corcino es que yo siendo muy niña ya contaba con él, y él para mi era un chico más, en esa época algo mayor que yo, soltero, era como un hermano más, lo que generaba un exceso de familiaridad. Y creo que la confianza a veces no siempre es tan buena, quiero decir, si hubiera sido una persona nueva, totalmente desconocida, tal vez hubiéramos hecho un guión más claro, con pasos a seguir, con unos objetivos a alcanzar, con más formalidad, con documentos por escrito… pero en nuestro caso no surgió nada de eso porque somos como familia.

Yo llevo trabajando con él en el ministerio toda mi vida, y a veces ese exceso familiaridad por ambas partes, puede hacer algo más complicadas las cosas. Él me conoce desde que soy una niña, entonces es como con los padres, a veces, que aunque tu hijo crezca, tú lo sigues viendo pequeño. No somos tan conscientes de que esos pequeños ya han crecido, son adultos. Yo sé que para él ha sido complicado porque aunque tengo ya 50 años, él me sigue viendo como la niña o la chica de la iglesia, y viceversa, porque en mi caso esa familiaridad a la hora de comunicarnos puede llevarme a cometer errores de confianza.

Creo que, a modo de conclusión, creo que sí sería bueno poder contar con una tercera persona, que no un mentor, sino un mediador externo que pueda objetivamente casi interpretar el lenguaje para facilitar la transición…

Puedes continuar sabiendo más del tema en el video que te compartimos a continuación. Ahondamos en este y más temas.

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