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La Declaración de Chicago de 1978 fue el resultado del trabajo conjunto de teólogos, eruditos y líderes cristianos de diferentes denominaciones y tradiciones que buscaban defender la confiabilidad de la Biblia en un momento en que la autoridad de las Escrituras estaba siendo cuestionada por tendencias teológicas liberales y críticas. La declaración resalta la importancia de la inerrancia como un fundamento para la fe cristiana y la práctica, ya que proporciona una base confiable sobre la cual los creyentes pueden construir sus vidas espirituales.

Primero, la inspiración divina: La Declaración de Chicago de 1978 reitera la creencia de que la Biblia es inspirada por Dios, lo que implica que su mensaje original es infalible e inerrante. Esta convicción se fundamenta en la afirmación bíblica de que «toda la Escritura es inspirada por Dios» (2 Timoteo 3:16). Esta inspiración divina garantiza que la Biblia sea la Palabra de Dios, autoritativa y confiable en todos los temas que aborda. La inspiración divina también implica que la Biblia es única en su origen, pues proviene de Dios y, por lo tanto, posee una autoridad trascendental y una verdad eterna que la distingue de otros escritos.

Segundo, inerrancia en los autógrafos originales: La declaración sostiene que la inerrancia de las Escrituras se aplica solo a los autógrafos originales y no necesariamente a las copias o traducciones posteriores. Aunque no contamos con los manuscritos originales, la investigación textual y las comparaciones de manuscritos nos permiten tener confianza en la precisión de las Escrituras actuales. La ciencia de la crítica textual ha sido fundamental para reconstruir los textos bíblicos a partir de los manuscritos existentes y garantizar una fidelidad razonable al mensaje original.

Tercero, autoridad de las Escrituras: La declaración defiende que la Biblia es la máxima autoridad en materia de fe y práctica para los cristianos. La inerrancia de las Escrituras garantiza que los creyentes puedan confiar en su mensaje y aplicarlo en sus vidas. Esto proporciona una base sólida para la vida espiritual y moral de los creyentes, así como para la toma de decisiones y la ética en un mundo complejo y desafiante. La autoridad de las Escrituras se extiende a todos los aspectos de la vida cristiana, incluyendo la doctrina, la adoración, la ética y el servicio.

Cuarto, verdad en todos los temas abordados: La declaración afirma que la inerrancia de la Biblia se extiende a todos los temas que aborda, incluidos los históricos y científicos. Esto significa que los creyentes pueden confiar en la veracidad de la Biblia en todas las áreas, no solo en las cuestiones espirituales y morales. La verdad de Dios es coherente y unificada, y las Escrituras deben ser precisas en todos los temas que tratan para ser consideradas inerrantes. La declaración, por lo tanto, rechaza la idea de que la Biblia pueda contener errores en áreas como la historia o la ciencia.

Quinto, unidad y coherencia de las Escrituras: La declaración enfatiza la unidad y coherencia de las Escrituras, a pesar de la diversidad de autores y géneros literarios presentes en la Biblia. Esto demuestra cómo Dios trabajó a través de diferentes personas y circunstancias para revelar su mensaje de salvación a la humanidad. La unidad y coherencia de las Escrituras refuerzan la idea de que la Biblia es la revelación divina y no simplemente un conjunto de escritos humanos. A pesar de las diferencias culturales y temporales, las Escrituras mantienen un mensaje central y un propósito unificado, que es revelar la salvación y el plan redentor de Dios para la humanidad a través de Jesucristo.

Sexto, importancia de la hermenéutica adecuada: La Declaración de Chicago de 1978 también aborda la importancia de una hermenéutica adecuada, es decir, la interpretación correcta de las Escrituras. Los firmantes reconocen que los errores en la comprensión de las Escrituras pueden surgir debido a una interpretación inadecuada o a prejuicios personales. Por lo tanto, es crucial emplear principios hermenéuticos sólidos y contextualizar correctamente los pasajes bíblicos para comprender el mensaje original y aplicarlo correctamente en la vida contemporánea. La hermenéutica adecuada implica un estudio riguroso y un enfoque sistemático para interpretar la Biblia, que tenga en cuenta el contexto histórico, cultural, literario y teológico en el que fue escrita.

Séptimo, testimonio del Espíritu Santo: La declaración también enfatiza el papel del Espíritu Santo en el proceso de inspiración y en la vida de los creyentes. El Espíritu Santo ilumina y guía a los creyentes en la comprensión y aplicación de las Escrituras. Al confiar en la dirección del Espíritu Santo, los cristianos pueden estar seguros de que están entendiendo y viviendo de acuerdo con la voluntad de Dios revelada en la Biblia. El Espíritu Santo también capacita a los creyentes para discernir la verdad de Dios y aplicarla en sus vidas, transformándolos en conformidad con la imagen de Cristo y capacitándolos para ser testigos efectivos de su gracia y amor en el mundo.

En conjunto, la Declaración de Chicago de 1978 sobre la inerrancia de las Escrituras es un testimonio histórico y significativo de la posición evangélica en cuanto a la inspiración y autoridad de la Biblia, la inerrancia en los autógrafos originales, la autoridad de las Escrituras, la verdad en todos los temas abordados tanto en asuntos espirituales como históricos y científicos, la unidad y coherencia de las Escrituras sin contradicciones, el énfasis en la hermenéutica adecuada y el testimonio del Espíritu Santo, hacen que la Declaración de 1978 provea una base sólida para la fe y la práctica cristiana. 

En suma, la Declaración de Chicago es un recordatorio de la importancia de mantener una perspectiva sólida de la Biblia como la Palabra de Dios inspirada e inerrante. Que al abrazar y defender esta perspectiva, los creyentes podamos experimentar el poder transformador de la Palabra de Dios en nuestras vidas y ser testigos eficaces de la verdad del Evangelio en un mundo necesitado de esperanza y salvación. Amén.

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