El alma también se cansa. Y cuando lo hace, necesita cuidado. Bajo esta convicción se desarrolló la IV Jornada de Capacitación Ministerial organizada por el DENEC, centrada en el tema “Cuidado Pastoral” y dirigida por el Dr. Juan Carlos Fernández, psicólogo clínico y creyente comprometido. Una sesión formativa rigurosa, bíblica y pastoral que dejó una huella profunda en quienes servimos cada semana desde los púlpitos, los despachos, o los bancos de la iglesia.

No basta con saber: hay que ser

Desde el inicio, el Dr. Fernández fue claro: “Un curso como este debería ofrecer conocimientos, sí, pero también cualidades y competencias. Hoy nos centraremos especialmente en las cualidades del consejero cristiano”. A través de casi tres horas de enseñanza online, el público recibió un curso completo de psicología pastoral donde se abordaron fundamentos teóricos, cuatro modelos de consejería cristiana, el rol emocional del consejero y una llamada insistente a cultivar la virtud de la compasión.

“La compasión —explicó— no es pena. Es una sensibilidad activa ante el sufrimiento del otro. Y sin compasión, no hay Consejería cristiana”.

La Iglesia: un útero de compasión

Uno de los grandes aciertos de esta jornada fue recuperar la identidad sanadora de la Iglesia. Citando a autores como Richard Foster (“la Iglesia debe ser un útero de compasión”) o Jorge León (“la Iglesia es comunidad enferma y enfermera”), el Dr. Fernández defendió que el ministerio de la Consejería no es una especialidad reservada a unos pocos, sino una extensión natural del discipulado.

“Llevad los unos las cargas de los otros” (Gálatas 6:2) no es un consejo, es un mandato. Y el cuidado del alma no puede improvisarse. Debe ejercerse con herramientas, discernimiento y presencia. Especialmente en un tiempo donde el sufrimiento emocional atraviesa también a los creyentes más fieles.

Modelos que iluminan (y otros que confunden)

La formación presentó cuatro modelos de consejería espiritual que suelen coexistir hoy en nuestras iglesias:

  1. Modelo clínico, que deriva todo problema al ámbito psicológico, minimizando la espiritualidad.

  2. Modelo ecbalístico, centrado en la expulsión de demonios como causa única de todo mal.

  3. Modelo noutético, con énfasis exclusivo en la corrección bíblica y la amonestación.

  4. Modelo clásico, equilibrado, bíblico, compasivo y con apertura crítica a la psicología.

Con claridad y sin ambigüedades, el ponente defendió este último como el modelo más fiel a la visión bíblica y pastoral: “Cristo es nuestro referente. Su Palabra, nuestra guía. Y el Espíritu Santo, el agente del cambio”.

Compasión: el atributo que lo cambia todo

La parte más conmovedora de la jornada giró en torno a una sola palabra: compasión. El Dr. Fernández explicó que este atributo —frecuentemente confundido con indulgencia o debilidad— es el corazón del buen consejero. No basta con empatizar. El consejero cristiano está llamado a encarnar el amor tierno de Jesús: “Como una madre que se conmueve ante el llanto de su hijo”.

De hecho, se presentó un estudio gráfico sobre los cuatro componentes de la compasión:

  • Reconocer el sufrimiento.

  • Conectarse emocionalmente.

  • Desear aliviarlo.

  • Actuar en consecuencia.

Todo ello enmarcado en una profunda espiritualidad, una vida de oración, comunión con Dios y exposición constante a las Escrituras. “Un corazón que solo da, si no recibe, se muere”, dijo Fernández, subrayando la necesidad del autocuidado pastoral.

Discernimiento, límites y colaboración profesional

En la parte final del encuentro, el Dr. Fernández abordó con valentía un tema delicado: los límites del ministerio pastoral frente a trastornos mentales graves. Con numerosos ejemplos clínicos y pastorales, explicó cómo distinguir entre posesión demoníaca y trastornos como el TOC religioso, el síndrome de Tourette o el trastorno disociativo de identidad.

“Derivar a un profesional no es falta de fe. Es sabiduría pastoral”, afirmó. Y al mismo tiempo, criticó el abandono que a veces hacen los profesionales seculares del componente espiritual. La clave, propuso, está en una colaboración respetuosa, donde el pastor y el psicólogo trabajan en paralelo, sin usurpar la tarea del otro.

Una Iglesia que consuela

Las IV Jornadas de Capacitación Ministerial dejaron una conclusión clara: la Consejería no es un complemento, es parte del ADN de la Iglesia. En un tiempo de tanta ansiedad, traumas acumulados y heridas invisibles, Dios llama a su Iglesia a consolar con sabiduría, sin miedo y con ternura. El cuidado pastoral no es debilidad, es fortaleza en forma de compasión.

El próximo año, el DENEC volverá a reunirnos con nuevas jornadas. Mientras tanto, queda el eco de este encuentro: que toda iglesia sea una comunidad sanadora. Porque cuando el alma pesa, el consuelo no es una opción, es nuestra misión.

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