En un entorno social marcado por el cambio constante y la devaluación de los absolutos, el Departamento Nacional de Educación Cristiana (DENEC) de las Asambleas de Dios de España celebró recientemente sus V Jornadas de Capacitación Ministerial. Esta formación online, impartida directamente desde las instalaciones de la Facultad de Teología de las ADE en La Carlota, forma parte de una serie de capacitaciones continuas diseñadas específicamente para el equipamiento de obreros, liderazgo y ministros de nuestras iglesias.
Bajo el lema “Fundamentos Teológicos de Nuestra Fe Pentecostal: Una respuesta bíblica a los desafíos actuales”, el evento se consolidó como un espacio crucial de actualización y alineamiento espiritual. La ponencia central, impartida por Francisco Moreno (rector de la Facultad de Teología), arrojó luz sobre un principio impostergable: nuestra identidad y mensaje no son fruto de la casualidad ni de la pura emoción, sino del diseño soberano del Espíritu Santo para tiempos de crisis.
1. Más que una experiencia: Una teología con raíces profundas
A menudo se asume erróneamente fuera de nuestras iglesias (e incluso dentro de ellas) que el movimiento pentecostal carece de un marco intelectual o histórico robusto, reduciéndolo a una simple experiencia emocional. Sin embargo, esta capacitación online derribó ese mito con contundencia:
- No es un movimiento espontáneo ni al azar: La teología pentecostal cuenta con una trayectoria histórica profunda que se conecta de forma providencial con los movimientos de reforma y una cadena ininterrumpida de avivamientos.
- Es una teología reflexiva y bien construida: Lejos de ser improvisada, cuenta con una sólida estructura doctrinal diseñada por el Espíritu Santo para sostener una expansión global y saludable.
- Es el Creador viviendo en nosotros: No se limita a la fría teoría académica; es una teología viva que transforma de adentro hacia afuera, uniendo perfectamente la mente con el poder del Espíritu.
2. El «Evangelio Completo» como motor del movimiento
Lejos de modas pasajeras, el núcleo del pensamiento articulado en este encuentro giró alrededor del concepto del Evangelio Completo, rescatando ideas de teólogos contemporáneos como Wolfgang Vondey, quien lo define como la verdadera «energía» del pentecostalismo.
«¿Qué es el Evangelio Completo? Es la síntesis perfecta de la misión de Cristo en su economía salvífica. Resume de forma integral la obra redentora, sanadora, restauradora y escatológica de Jesucristo, operada de manera práctica en el creyente a través de la acción del Espíritu Santo.»
Esta cosmovisión equilibra con precisión dos dinámicas esenciales: por un lado, una fe estrictamente cristocéntrica (Jesús es el centro de la obra) y, por el otro, una vida espiritual activa y empoderada por el Espíritu Santo. Es este segundo factor —el bautismo en el Espíritu Santo— lo que rompe las fronteras puramente locales y dota a la iglesia de una plataforma de expansión global y misionera.
3. La respuesta firme ante los desafíos de una «sociedad líquida»
Uno de los puntos más agudos de las jornadas fue el análisis del escenario social actual. Inspirados en los conceptos sociológicos modernos, se describió nuestra realidad como un mundo líquido, volátil y extremo. Las filosofías del siglo XXI no están inventando nuevas corrientes; en realidad, están radicalizando el relativismo del siglo pasado.
En medio de una sociedad que cambia de parecer cada mañana y se escurre entre los dedos, ¿cuál es el papel de la iglesia? Ofrecer la solidez de la salvación. Mientras las ideologías humanas mutan con las modas, las Escrituras nos plantan sobre una roca inconmovible: «Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos» (Hebreos 13:8). Dado que Cristo no cambia, su salvación tampoco cambia, y el poder del evangelio permanece intacto para transformar la estructura rota del ser humano.
Nuestro desafío como educadores y ministros
Estas jornadas del DENEC nos dejan una tarea urgente a todos los que servimos en la obra del Señor. No podemos responder a un mundo volátil con una fe vacilante o puramente nominal. Como obreros y líderes en las iglesias locales, nuestro deber es brindar a las nuevas generaciones herramientas bíblicas, teológicas y pedagógicas firmes.
El desafío está sobre la mesa: frente a las arenas movedizas de la modernidad extrema, nos toca modelar y enseñar la solidez inmutable del Evangelio Completo. Es tiempo de seguir sirviendo con fidelidad, bien fundamentados y encendidos por el fuego del Espíritu.


