ALIENTO · Nuevos Comienzos (Episodio 16)

Las decisiones conforman la alfombra que nos conduce hacia nuestro destino. Decidir a tiempo y decidir bien no solo ordena el presente, sino que redime el pasado y abre la puerta a un nuevo comienzo. La Biblia está llena de hombres y mujeres que, al encontrarse con Jesús, tomaron decisiones drásticas que cambiaron para siempre el rumbo de sus vidas.

En el Evangelio de Marcos leemos que, andando Jesús junto al mar, vio a Simón y a Andrés, su hermano, que echaban la red en el mar, porque eran pescadores. Y les dijo: “Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres”. Inmediatamente dejaron las redes y le siguieron. Más adelante vio a Jacobo hijo de Zebedeo y a Juan su hermano, que estaban en la barca remendando las redes. Y dejándolo todo, incluso a su padre Zebedeo con los jornaleros, decidieron seguirle (Marcos 1:16–20).

La misma escena se repite cuando Jesús pasa junto al banco de los tributos y ve a Leví, hijo de Alfeo. Al oír la voz de Jesús que le dice “Sígueme”, se levanta y le sigue (Marcos 2:14). En todos los casos hay un elemento común: una decisión inmediata, radical, sin medias tintas.

Albert Einstein dijo que la vida es el resultado de las decisiones que tomamos. La Escritura nos lleva aún más lejos: cuando se trata de seguir a Jesús, no estamos ante una decisión más. Es la decisión. No solo afecta a nuestro futuro, afecta a nuestra eternidad.

La palabra decisión procede del latín decisio, y se refiere a una determinación, a una resolución tomada tras escoger entre distintas alternativas. Decidir implica comenzar algo o poner fin a una etapa. Supone un cambio de estado, para bien o para mal. Por eso Dios nos habla con tanta claridad en Deuteronomio:

“A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia” (Deuteronomio 30:19).

Dios nos pide que escojamos. Tú decides. Tú determinas. Y no solo decides por ti, sino también por aquellos que vienen detrás. Hay decisiones que afectan a la descendencia, que marcan generaciones.

Se puede ser cristiano culturalmente, pero no siempre se toman las decisiones que implican seguir verdaderamente a Jesús. Seguirle no es una idea abstracta; es orientar los pasos, cambiar el foco de la vida, redefinir valores y prioridades. La primera decisión tiene que ver con el arrepentimiento, pero seguirle implica perseverar, caminar tras Él cada día.

No importa el oficio que desempeñes. Fuiste creado con un propósito. Al seguir a Jesús descubres la verdadera pasión por la cual vivir. Las decisiones correctas te llevan a dejar la barca, a dejar el banco de tributos, a dejar aquello que te ata para entrar en aquello que da vida.

Tomar decisiones requiere sabiduría, valentía y determinación. La sabiduría es fruto de la luz. Es la capacidad de discernir el camino correcto, de ver el futuro, de evitar el precipicio. Jesús lo expresó así: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12).

Pero también se requiere valentía. Fe. Esfuerzo. Jesús dijo que desde los días de Juan el Bautista el Reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan (Mateo 11:12). No se trata de una violencia destructiva, sino de una determinación firme, de un esfuerzo extremo que se abre paso por encima de los obstáculos. Habla de no dar nada por hecho, de luchar por aquello que se cree que Dios ha prometido.

Decidir es determinarse. Es no volver atrás.

La historia detrás del himno He decidido seguir a Cristo nos ayuda a entender el poder de una decisión bien tomada. A mediados del siglo XIX, en la región de Assam, en el oeste de la India, un hombre de la tribu Garo se convirtió al cristianismo junto con su esposa y sus dos hijos. El jefe de la aldea, enfurecido, reunió a los habitantes y exigió que renunciara públicamente a su fe, amenazándolo con la muerte de toda su familia.

Lleno del Espíritu Santo, el hombre respondió con firmeza: “He decidido seguir a Cristo, no vuelvo atrás”. Ante la negativa, el jefe ordenó la muerte de sus hijos y volvió a preguntarle si ahora negaría su fe. Él respondió: “Aunque nadie se me una, yo seguiré; no vuelvo atrás”. Finalmente, tras la muerte de su esposa, proclamó con gozo sus últimas palabras: “La cruz delante, el mundo atrás; no vuelvo atrás”.

El impacto de esa fe inquebrantable fue tal que el propio jefe de la tribu declaró: “Yo también pertenezco a Jesucristo”, y la conversión se extendió por toda la aldea.

Hoy Jesús también se cruza en tu camino. Y delante de ti está la misma decisión: seguirle o seguir tu propia opinión. Continuar como hasta ahora o dar un paso que marque un antes y un después. Dios ha puesto delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición.

Decide no solo por ti. Recuerda que tu decisión afectará a tu descendencia y a todos los que te rodean. Quizás estés en un momento crucial de tu vida, un tiempo en el que necesitas decidir. Pero hoy la Palabra de Dios alumbra tu corazón para mostrarte con claridad el mejor camino, el camino que te conduce hacia un nuevo comienzo.

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