Homenaje a los voluntarios del DANA en Valencia
Más de un año después de la DANA que golpeó con fuerza a Valencia y a otras zonas del levante, la familia de Asambleas de Dios volvió a reunirse con un propósito claro: honrar a quienes estuvieron cuando había que estar. El Departamento de Acción Social (DAS) convocó un acto de reconocimiento a los voluntarios que, en medio del caos, decidieron no mirar a otro lado y responder con hechos.
No fue un acto para reabrir heridas, sino para afirmar algo que sigue siendo verdad: la luz no se apagó.
Una familia que responde cuando hace falta
El encuentro dio la bienvenida a los voluntarios, a Antonio Mora y su familia, al presidente del Consejo Ejecutivo de ADE, Juan Carlos Escobar, a pastores, coordinadores de fraternidades, secretarios y a todos los ministerios que caminaron juntos durante aquellos meses intensos. Desde el inicio se subrayó una convicción compartida: en medio de la tragedia, Dios fue fiel y abrió caminos donde parecía no haberlos.
La oración inicial, dirigida por Gema Fernández, marcó el tono espiritual del acto, poniendo el foco en Dios como protagonista y recordando que todo lo vivido tuvo sentido porque hubo personas dispuestas a dejarse usar.
“Fuisteis luz cuando muchos perdieron la esperanza”
Uno de los momentos más emotivos llegó con los mensajes de reconocimiento en vídeo. Desde Convoy of Hope, Neemías agradeció a los voluntarios su entrega y su fidelidad, recordando que en los momentos de mayor oscuridad fueron manos de ayuda y esperanza para muchas familias valencianas.
El segundo vídeo puso palabras a una realidad silenciosa: personas que limpiaron, cocinaron, cargaron, escucharon y sirvieron sin esperar nada a cambio. “Esto no es solo servicio —se recordó—, es impacto, es misión, es Reino. Y esto solo es el comienzo”.
Un centro de operaciones que multiplicó la ayuda
El coordinador del DAS, Benito Martínez, hizo memoria del proceso vivido. Recordó la organización del comité de emergencia junto a las coordinadoras de las fraternidades y la coordinación del DAS, y relató cómo, en plena búsqueda de un espacio para establecer una base de operaciones, surgió de manera providencial el contacto con Antonio Mora y su equipo.
Aquella nave, de cerca de 2.000 m², se convirtió durante meses en un auténtico centro de operaciones, un lugar de encuentro y voluntariado desde el que se sirvió a distintas localidades afectadas. Desde allí se atendió a cientos de familias y se dispensaron decenas de miles de comidas, gracias a la implicación de voluntarios y al respaldo de iglesias y donantes de dentro y fuera de España.
Benito lo resumió con una cita clara de 1 Juan 3:18: “No amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad”. Eso fue exactamente lo que ocurrió.
Una luz que no se puede esconder
El mensaje del Presidente del Consejo Ejecutivo de ADE, Juan Carlos Escobar, fue uno de los ejes del acto. Con una vela encendida como símbolo, recordó que la DANA no distingue edades, clases sociales ni creencias, y que muchos de los voluntarios no solo sirvieron, sino que también fueron damnificados.
Desde las palabras de Jesús en Mateo 5, subrayó que la tragedia puso a prueba la fe y la resiliencia, pero también sacó a la luz lo mejor de las personas. Hubo limpieza, restauración, refugio y ayuda material, sí, pero sobre todo escucha, abrazo y consuelo. “La gente no solo necesitaba recursos —afirmó—, necesitaba calor humano”.
El llamado fue claro y sin rodeos: que la luz no se apague cuando pase la emergencia. Que no haga falta otra tragedia para vivir una fe que se traduce en obras.
La voz de las fraternidades: valentía y servicio que transforma
En representación de las fraternidades, José Ángel Padilla, coordinador de la Fraternidad de Levante y Murcia, puso voz a una tensión que muchos recordaban bien: el equilibrio entre la prudencia y la osadía. Mientras algunos advertían del riesgo, otros llamaban preguntando simplemente: “¿Cuándo subimos?”. Y subieron. No uno ni dos días, sino durante meses.
Padilla recordó que, cuando el agua arrasó caminos, hogares y seguridades, los voluntarios fueron pies que caminaron hacia la necesidad, manos que ayudaron y corazones dispuestos a servir sin esperar nada a cambio. Subrayó que el servicio no solo transforma a quien recibe ayuda, sino también a quien la ofrece, y que nada de lo hecho pasó desapercibido, ni para las personas atendidas ni delante de Dios.
“Diosidencias”: cuando nada fue casual
A continuación, Ryan Tomás, secretario de la fraternidad de Valencia y Castellón, compartió una lectura espiritual de lo vivido que conectó con muchos: no fueron coincidencias, fueron “diosidencias”. Personas que aparecieron, contactos inesperados, recursos que llegaron en el momento justo.
Relató cómo se produjo la conexión que permitió disponer del centro de operaciones y cómo, una y otra vez, se hizo evidente que Dios estaba coordinando personas y voluntades. Voluntarios que pasaban por allí y entraban a ayudar, equipos internacionales colaborando, y una cadena de generosidad que fue mucho más grande que cualquier planificación previa. “Dios saca hermosura de las cenizas”, afirmó, recordando que solo Él puede hacerlo.
“Dios nos hizo encontrar”: la voz de la continuidad
En el tramo final del acto tomó la palabra Javier Ogalla, responsable de transporte y una de las personas clave en la logística y el trabajo a pie de calle durante la respuesta a la DANA. Desde un tono sencillo y muy humano, definió lo vivido con una frase que resumió meses de esfuerzo compartido: “Dios nos hizo encontrar”.
Personas de distintos puntos de España, incluso de otros países, que no se conocían entre sí, pero que terminaron formando un equipo sólido y eficaz. Ogalla habló sin idealizar el proceso: hubo cansancio, lágrimas y desgaste emocional, pero también aprendizaje y crecimiento. “Hemos hecho grandes cosas juntos”, afirmó.
Además, subrayó algo fundamental: la ayuda no terminó con el cierre del centro de operaciones. Compartió el caso de Paiporta, donde el trabajo continúa de forma constante, con voluntarios que siguen atendiendo a más de 300 familias, llevando alimentos y apoyo práctico. Un recordatorio claro de que el impacto del DAS sigue vivo.
Su intervención cerró con una convicción firme: “Estamos preparados para muchas cosas importantes. Que nuestra luz siga alumbrando”.
Reconocer para no olvidar
La entrega de diplomas y detalles personales puso nombre y rostro a una respuesta colectiva. No fue un gesto simbólico sin más, sino un ejercicio de memoria agradecida. En ese contexto se realizó también un reconocimiento especial a Juan Navajas Contreras, propietario de la nave que sirvió como centro de operaciones, destacando un gesto de generosidad que no preguntó por credos ni etiquetas, sino que respondió a la necesidad.
El acto concluyó con oración y una imagen de familia. No como punto final, sino como afirmación de algo que quedó claro durante toda la jornada: cuando la iglesia decide estar, la luz se nota. Y mientras esa luz siga encendida, la historia no habrá terminado.


