“No menosprecies estos modestos comienzos, porque el Señor se alegra al ver que la obra comienza…” Zacarías 4:10 (NTV)

En el Reino de Dios, lo pequeño nunca es insignificante. Lo humilde no es sinónimo de débil, y lo que comienza con lágrimas muchas veces termina con cánticos de victoria. Jesús lo dejó claro cuando comparó el Reino con una semilla de mostaza: “la más pequeña de todas las semillas, pero cuando crece, es la mayor de las hortalizas y se convierte en árbol” (Mateo 13:31-32). Una simple semilla. Pequeña, frágil… pero cargada de destino.

Así es como comienza una iglesia.

No con grandes edificios ni con presupuestos enormes, sino con una oración sincera, una familia comprometida, una palabra predicada en una plaza, un corazón encendido por el llamado.

Quien siembra, muchas veces lo hace con incertidumbre. No ve el fruto aún. No hay garantías. Pero el sembrador sabe algo que el suelo no sabe todavía: que lo que ha depositado en la tierra tiene vida, y esa vida va a abrirse paso. Por eso, el Salmo 126 nos recuerda:

“El que con lágrimas siembra, con regocijo segará. Irá andando y llorando el que lleva la semilla; pero volverá con regocijo trayendo sus gavillas” (vv. 5-6).

Dios ama los comienzos. Le encanta cuando alguien da un paso de fe sin saber todo lo que vendrá después. Porque allí se manifiesta su poder. La Biblia está llena de historias de comienzos pequeños:

  • Un niño con cinco panes y dos peces.

  • Una viuda con un puñado de harina.

  • Un profeta solo en el desierto con una palabra en su boca.

  • Un grupo de discípulos temerosos en el aposento alto.

    Y hoy, quizás… una familia en una ciudad sin iglesia, orando para que alguien llegue.

Cuando una iglesia nace

En España, todavía hay cientos de localidades donde no hay una iglesia evangélica. No porque no haya llamado, sino porque hace falta que alguien siembre. Que alguien escuche, se mueva… y que otros decidan acompañar ese comienzo.

Por eso, desde el Departamento de Evangelismo y Plantación de Iglesias (DEPI), ha nacido el proyecto Pack Semilla. No es solo una ayuda económica: es una manera de decir “creemos en los comienzos”.

Este proyecto acompaña a los plantadores de iglesias durante su primer año, distribuyendo 1.000 euros en cuatro momentos clave del proceso de abrir una nueva obra:

  • Para orar y tomar el lugar, facilitando su desplazamiento.

  • Para evangelizar, con herramientas prácticas como altavoz y micrófono.

  • Para discipular, reforzando la identidad visual de la nueva iglesia.

  • Y para congregar, incentivando la apertura de un lugar público donde reunirse.

Es una siembra con propósito. Una manera concreta de decir: “No estás solo. Sembramos contigo”.

¿Y tú, qué tienes en tu mano?

Tal vez no puedas plantar tú mismo. Pero sí puedes sembrar. Puedes ser parte del milagro que comienza en una plaza, en una casa, en una ciudad olvidada por muchos pero amada por Dios.

Dios no necesita que demos mucho. Solo que demos lo que tenemos.

“El que siembra escasamente, escasamente segará; y el que siembra generosamente, generosamente también segará” (2 Corintios 9:6).

Una semilla, cuando cae en tierra buena, puede cambiar una ciudad.

 


 

🔗 Si quieres conocer más o apadrinar una nueva iglesia en 2025, visita:

https://asambleasdedios.info/depi/pack-semilla/

Porque en el Reino de Dios… todo comienza con una semilla.

Y quizá, la próxima historia de avivamiento, comience con la tuya.

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