140 educadores infantiles y pastores se dieron cita en el Centro Betania con un solo propósito: ser fortalecidos por Dios para enseñar a la próxima generación.
Durante los días 16 y 17 de mayo, el Congreso de Educadores Infantiles reunió a maestros de escuela dominical, pastores y líderes comprometidos con la formación espiritual de la infancia. El Centro de Retiros Betania fue el escenario de un encuentro marcado por la comunión, el aprendizaje práctico y la renovación espiritual.
“En ti tengo complacencia”: así comenzó todo
La jornada inaugural estuvo llena de alegría. Dinámicas y juegos rompieron el hielo y crearon un ambiente cercano entre los participantes. La alabanza abrió paso a la Palabra de Dios, traída por Steve Entsminger, quien habló bajo el lema “En ti tengo complacencia”, recordando que antes de hacer, debemos saber que somos amados.
Fue un mensaje que preparó el corazón para el resto del congreso: enseñar a los niños no es solo una tarea pedagógica, es una misión espiritual.
Formación práctica y espiritual para la misión
El sábado se centró en equipar a los asistentes. Dos plenarias, impartidas por José María Romo y Reyes Escobar, trazaron las líneas maestras de la enseñanza infantil como llamado ministerial. A continuación, tres talleres abordaron áreas clave:
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Evangelización de niños: estrategias efectivas para presentar el evangelio a los más pequeños.
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Organización y planificación de campamentos: cómo diseñar encuentros transformadores.
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Discipulado de niños: acompañamiento continuo más allá de una clase o actividad.
Cada taller ofreció herramientas concretas para aplicar en las iglesias locales, adaptadas a contextos diversos.
Intercesión por los niños y el futuro
El cierre del congreso fue, sin duda, uno de los momentos más significativos. En un tiempo de intercesión colectiva, se oró por los niños de las iglesias, escuelas y fraternidades de todo el país. Se mencionaron por nombre cada una de las comunidades autónomas, clamando por un mover del Espíritu Santo en la vida de los más pequeños y en quienes los enseñan.
Volver con el corazón encendido
Este congreso no fue solo una actividad formativa. Fue un soplo del Espíritu sobre quienes cada semana siembran la Palabra en el corazón de la niñez. Cada asistente regresó a su iglesia con herramientas prácticas, ideas nuevas y, sobre todo, una pasión renovada por servir con excelencia.
Porque si queremos transformar el futuro, debemos empezar por quienes lo van a habitar.


