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Para finalizar este ciclo sobre los conflictos y tras el paréntesis aprovechando la formación del DENEC sobre el estrés y poder presentar un artículo relacionado bajo el punto de vista matrimonial, me es necesario recordar varios aspectos de los ya comentamos anteriormente con el ánimo de engancharnos a la parte final de este ciclo:

  1. En todas las discusiones, las que tienen solución y las que no, ninguno tiene toda la razón al 100%. Y por ello se necesita tener en claro cuáles son las cosas que hacen que una pareja funcione, y justamente nos quedamos ahí en el artículo anterior.
  2. Las parejas que funcionan tienen 3 características que las definen: la amistad, el buen uso de los intentos de reparación y un propósito común.

Bajo estas premisas y al haber comentado ya las tres características que definen a los matrimonios, quisiera detenerme de manera más específica en el “propósito común”, pero para entender mejor el “propósito”, valga la redundancia, definamos primero el concepto.

Propósito:

Ánimo o intención de hacer o de no hacer algo. Objetivo que se pretende conseguir. (Diccionario R.A.E. 2024)

Son las parejas en las que existe una sensación de trascendencia, en las que hay valores compartidos, que respaldan las esperanzas y los sueños o aspiraciones de sus parejas las que consiguen alcanzar un propósito común y unidireccional aunque esto no sea tristemente para los matrimonios algo tan común. El propósito tiene que ver con la posibilidad de sentir que hay una vida interior compartida, que hay símbolos y rituales que hemos construido juntos y que forman parte de la cultura de nuestra relación. Por ejemplo, cómo nos manejamos con las comidas, cómo festejamos los cumpleaños, cómo nos gusta disfrutar las vacaciones, cómo nos despedimos antes de ir a dormir, cómo actuamos cuando alguno de los dos está enfermo, etc. Son todos los códigos que vamos generando con el otro y que nos identifican como matrimonio, familia y el objetivo que se pretende seguir como esta. Es importante que en esta “cultura” familiar o matrimonial, estén contemplados los sueños y las necesidades de ambos. Génesis 2:24 (Reina-Valera 1960): «Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne». Esa “sola carne” es para mantener un rumbo y un pensamiento en unidad como matrimonio.

No es la primera vez que vemos mi esposa y yo, parejas que reman en direcciones contrarias y que simplemente su pensamiento es totalmente diferente y no han sabido concretar un espacio común donde el propósito y proyecto común de vida se vuelve verdaderamente en el enfoque común,  unidireccional que generará transcendencia familiar y que ciertamente no es algo no tan común.

Quiero haceros llegar varios ejemplos generales, cuando tanto mi esposa como yo nos encontrábamos frente a varios matrimonios que no tenían un proyecto en común:

  1. En parejas migrantes: El futuro acerca de establecerse en un lugar definitivamente o volver a su país de origen. Gastos en mejorar o comprar inmuebles en su país de origen sin haberse enfocado en el proyecto de vida común, en sus propósitos familiares, siendo el pensamiento diferente el uno del otro.
  2. Sacrificios por estudios o trabajo del cónyuge para la mejora del estatus profesional de uno de los miembros.
  3. Convivencia con familiares.
  4. Enfoques espirituales diferentes, y futuro de los hijos en sus elecciones al respecto de sus creencias, estudios o educación.
  5. Empresa o negocio familiar que arrastra al otro cónyuge a colaborar en ella a disgusto.
  6. Concreción de los gastos familiares.
  7. Cantidad de hijos, o simplemente no tenerlos…

Se toman demasiadas decisiones sin un propósito común, alterando el ecosistema familiar ya suficientemente intoxicado de incomunicación.

Sin una fluida comunicación y sin un enfoque verdaderamente familiar, el propósito común se convierte en un despropósito. Por desgracia se encuentra demasiadas veces este despropósito… y se ha generalizado tanto que hasta los propios jóvenes sienten que su propósito no ha de ser compartido al confrontar el futuro de sus relaciones de noviazgo e inclusive, un futuro matrimonio. “¿Por qué debo de hablar de esto con mi futura pareja” me pregunto una joven cuando exclamó que no quería tener hijos y no entendía la obligación de hablarlo… ¿Cómo se sentirá si al casarse con ella, pretendiendo tener al menos dos hijos ella en verdad no quiere ninguno? ¿Qué hará ella para evitar tener hijos? ¿Tendrá que mentir, engañar?… fijaros la situación tan inverosímil pero a la vez tan destructiva para una pareja que comenzando las bases de una relación, no ha puesto en común este propósito de vida con o sin hijos. Es el final rotundo de un matrimonio por causa de este tipo de mentiras o propósitos dispares… Imagínate si están casados que futuro les espera. Pues hay gente que convive así hasta sin saberlo, y surgen los problemas simplemente al sobrevenirles o llegado el momento. No significa que podemos o debemos siempre decir “SI” a todo pero ciertamente se debe de trabajar desde el principio: “Ánimo o intención de hacer o de no hacer algo. Objetivo que se pretende conseguir” con un remar conjunto, y permitir que ambos pueden confrontar los propósitos propios dentro del propósito común.

Os quiero dejar unos breves consejos para poner en común los propósitos de manera que no se vea afectado el matrimonio y pueda seguir avanzando:

  1. Poner la relación en primer lugar después de Dios. Anteponer el matrimonio a cualquier propósito no significa renunciar a tus propósitos si no a aprender a gestionar ambos.
  2. Equilibra el tiempo juntos con el tiempo a solas. Ambos tiempos son necesarios pero sin perder la perspectiva de una sola carne.
  3. Encarna la frase, «en la salud y en la enfermedad». Estar ahí en las buenas y en las malas.
  4. Aprender y crecer juntos continuamente. Es cosas de ambos y es el crecimiento en “UNIDAD” como “UNO”.
  5. Ten una rutina de noche de cita. El propósito no puede dañar la relación ni minimizar la intimidad. Haz un esfuerzo en tener tiempos en conjunto.
  6. Sentir el dolor del otro (tener empatía).
  7. Decir y hacer pequeñas cosas el uno por el otro. Los pequeños detalles denotan si de verdad estáis remando juntos. Y sobre todo si ayudan en el propósito individual.
  8. Haz amistades de pareja. No vayáis por separado por favor… es rotura segura.
  9. Sé su mayor apoyo. Ánima, contribuye, esfuérzate, valora, escucha, aprende… y se hacedor de todo esto en los momentos claves de necesidad de tu cónyuge.
  10. Sé positivo con tu cónyuge. Cree en que puede llegar a alcanzar la meta.
  11. Mantén la intimidad física. Sin intimidad la tendencia es a generar un abismo relacional que se abre cada vez más alejándolos a nivel sentimental.
  12. Menos mensajes de texto, más conversación fluida y natural, cara a cara y de cualquier tema que os apetezca.
  13. Conversar sobre la relación. Enfoques, proyectos, metas… todo en común, todo para que todos trabajen el propósito común y colaboren en los propósitos individuales.
  14. No seas demasiado competitivo, el bien común es el propósito principal.

 

Recuerda que sin el propósito común somos como una pareja de remeros que están sentados espalda con espalda y cada uno está remando en una dirección diferente. Esto provoca que al final no haya avance, y por lo tanto no hay un propósito ni una dirección en común .

Este punto tan primordial tristemente no es tan común como debería de ser y no se cumplen en muchos matrimonios. Si a esto le sumas el conflicto… la sensación de abismo o soledad en los propósitos, en los objetivos y metas, puede provocar no sólo desánimo en la consecución de cualquier emprendimiento si no también la frustración de trabajar a contracorriente de tu cónyuge.

Esto nos separa de nuestros sentimientos conyugales y nos acerca más a aquellos que respaldan nuestras esperanzas alejándonos de nuestra “una sola carne”. Pero es “nuestra una sola carne” la que, verdaderamente debería de respaldarnos y confrontar los desafíos que los propósitos y proyectos familiares pueden acarrear.

¿Culpables? Ambos… pues tanto el pasotismo como la necesidad de respaldo exterior hacen que la brecha sea aún mayor.

Quiero dejaros con un pensamiento que Dios dejó en mi corazón unos meses atrás:

“Volar en libertad, significa volar libre mientras tu pareja de viaje te acompaña al lado hacia una misma dirección”. Tu propósito no debe impedir que ambos voléis juntos y suméis propósitos.

Recuerda:

El matrimonio y la familia es la base de la sociedad, cuídalos.

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