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Mientras más dedicas tu vida a cosas que están fuera de tu propósito, más te alejas de la plenitud, yendo a un agotador traste de tus sueños rotos… Yo sostengo que la vida es un arte cuyo oficio debe ser perfeccionado por el Artesano.

“Una fe que piensa”, David Novoa 

Hace tiempo que perdimos el poder creativo que Dios nos dio. Trabajamos en cosas que no nos gustan y que opacan nuestra creatividad.

Hemos entrado en la filosofía en la que el pueblo de Israel se incorporó cuando estaban en Egipto. Su precio era lo que valía un ladrillo, cuanto más ladrillos hacían más valían.  Ese era el valor de cada uno. Evidentemente este sistema usado generación tras generación genera en aquellos que lo sufren mentalidad de esclavos.

En esta sociedad del postmodernismo hemos llegado al mismo lugar. Trabajar sin parar para tener cosas que nos hacen creer necesitamos  y de las cuales no podemos disfrutar. ¿Y porque no podemos disfrutar? Porque estamos demasiado ocupados trabajando en oficios que no nos gustan para tener dinero que necesitamos para comprar esas cosas que ni siquiera nos hacen falta para vivir pero que nos hacen creer que son imprescindibles para nuestra vida.

Dios rescata al pueblo de Israel, y les hace entender que ellos son seres humanos, que son libres. Que su medida no es dada por lo que producen sino que su valor esta en el hecho de ser seres humanos a imagen y semejanza de Dios. Les hace valiosos en sí mismos, simplemente por el hecho de ser y no de hacer o de estar. Pero esta sociedad vuelve a cosificarnos vez tras vez. Lo que hacemos, tenemos y sabemos eso nos posiciona en un lugar o en otro. Siempre desprendido de lo que realmente somos, de nuestra esencia de nuestra genuina y original imagen de Dios.

Jesús nos habla constantemente referente a que las personas son más importantes que las cosas. Que nuestro precio está basado en que somos criaturas de Dios. En nosotros fluye lo natural, lo físico pero también lo espiritual, lo sobrenatural .Somos seres cien por cien espirituales y en ello llevamos el ADN del Creador. Fuimos creados para crear y disfrutar de la creación. Para desarrollar en tres dimensiones, física, emocional y espiritualmente.

Tristemente nos hemos acostumbrado a mirar hacia abajo como la mujer encorvada del milagro de Jesús, ya solo vemos suelo, oscuridad  y nuestra vista se ha limitado a ver solo nuestros propios zapatos. O sino dime ¿Cuánto hace que no miras al cielo e inventas figuras en las nubes, cuanto hace que no te has parado a observar  la estrellas, o tal vez has echado un vistazo este otoño el volar de los pájaros a tierras mas cálidas o el volar de las hojas secas dejando  los arboles desnudos? ¿Esta primavera has mirado las flores, y el resurgir de la vida? Te paraste a mirar correr un riachuelo o escuchar el sonido de las olas?

No somos maquinas. No somos muñecos teledirigidos. Dios nos formo para crear y descansar. Y descansar para disfrutar de lo creado.

La cosificación del ser humano es el arma más letal para destruir al hombre. Si dejamos de disfrutar de la vida perdemos nuestra esencia de personas, nuestro aliento divino.

Párate ahora, estés donde estés, y mira hacia el cielo. Por muy pobre que seas, por muy solitario que estés, por muy enfermo que te encuentres….siempre tendrás un trozo de cielo al que mirar. Y si no lo haces………estarás viviendo por debajo de tus posibilidades.

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