Los invisibles

Es lunes por la mañana. Como cada día, llevo a mi hijo de siete años al colegio; se coloca en la fila correspondiente a su curso y grupo, detrás del compañero que llegó antes que él. Fátima llega minutos después, y con una sonrisa de oreja a oreja, anuncia su llegada con un estrepitoso “¡hola!”. Fátima tiene la tez de color aceituna y el pelo muy rizado, recogido detrás en una trenza prieta. Su madre, natural de Marruecos, le sonríe junto a mí. Alba, pelirroja y de ojos verdes, sale de su lugar, justo de la fila de al lado, y va corriendo a abrazarla. Alba es hija de una de las profesoras del colegio. Las gafas de ambas niñas chocan al estrecharse y se dan un beso afectuoso en la mejilla.

– ¡Espérame en el patio, Fátima! -grita Alba, y colocándose de nuevo en su lugar, le manda un beso que Fátima recoge al vuelo mientras la fila de su grupo avanza. Y es que Alba y Fátima son las mejores amigas. Las dos tienen síndrome de Down. 

Sus respectivas mamás, tan diferentes, pero tan iguales al mismo tiempo, quedan de vez en cuando. No ha sido fácil para ninguna de las dos. A la mamá de Alba, como a muchas mujeres, se le propuso abortar nada más conocerse la condición de su bebé antes de nacer, y aunque la mamá de Fátima nunca se lo planteó, fue también muy difícil para ella aceptar su situación como madre primeriza de una niña con síndrome de Down en su país. Las dos comparten una misma experiencia y dos bellas historias de superación, las de sus preciosas hijas, que juegan juntas cada día en la hora del recreo, y las de dos madres que asumen cada día el reto de ver crecer a sus niñas y el de educarlas, abriendo camino para que algún día no muy lejano aprendan a valerse por ellas mismas dentro de la sociedad.

Romeo es un niño vivaracho de cuatro años, de pelo largo y rizado y al que le gusta cantar con su micro. Conocí a Romeo y a su mamá en Instagram, a través de un video que se hizo viral. En él, Romeo nos dice con una lata de conservas entre sus manitas: “¿Sabéis qué me gustaría? Pues que todos los supermercados y las tiendas pongan los nombres de maíz, en las latas de champiñones y de los berberechos en braille, porque si no yo no los puedo ver, solo lo ven en la tele porque yo soy un niño ciego”, y es que Romeo es ciego de nacimiento. Cuando ves a Lucía y a Romeo en las redes no puedes más que enamorarte de ellos. Me emociona mucho cómo Lucía acompaña a su hijo cada día y le hace partícipe, de maneras creativas e ingeniosas, de experiencias de las que los demás niños videntes participan de manera tan normal. Ya sean juegos, manualidades o fiestas populares, Lucía se las ingenia para que Romeo disfrute y participe al máximo, sin límites. El mayor reto para Lucía, Romeo y su familia, es el de enfrentarse a una sociedad que no está preparada para personas que no pueden ver. Queda mucho trabajo de concientización todavía. 

Este verano nos cruzamos, sin saberlo, en un pueblecito del sur donde, curiosamente, las dos familias estábamos veraneando al mismo tiempo.

 Podéis seguir a Lucía y Romeo en su cuenta de Instagram @lucialovesromeo, os garantizo que cautivarán vuestros corazones.

Estefanía es la mamá de Eliezer, un precioso niño de seis años de piel morena, pues su papá es de Guinea Bissau. Eliezer fue diagnosticado con TEA (Trastorno del Espectro Autista) desde muy pequeño. Actualmente, uno de cada cincuenta y nueve nacimientos tiene autismo, pero la sanidad pública no está preparada para orientar a las familias, y no siempre hay plazas en los colegios para ellos. A todo ello se le suma la carga económica familiar que las terapias suponen. 

Darse cuenta de que tu hijo crece de manera diferente a los demás niños de su edad no ha sido fácil para Estefanía y su familia, tampoco el de aprender y obtener las herramientas necesarias para su educación y gestión del día a día. “Lo que más le cuesta a Eliezer son los cambios, por ello el trabajo de anticipación es muy importante. Le ayudo con calendarios visuales diarios, semanales y mensuales, preparándole así para eventos puntuales que se salen de su rutina habitual, como visitas al médico o cumpleaños”- me contaba Estefanía -. Ella ha asumido el gran reto que Dios le ha presentado como madre, y actualmente ella misma crea su propio material de trabajo y lo comparte con otros. Ahora está preparando un dossier de ayuda para varios tipos de diversidad que muy pronto saldrá a la luz. Podéis seguir a Estefanía y a Eliezer en Instagram @mr.egomiss y ver el video especial que SUMAMOS le dedicó.

Estas tres historias son solo un resumen de algunos ejemplos de miles de casos de discapacidad o diversidad funcional en nuestro país. Como persona PAS (Persona Altamente Sensible), quiero poner mi granito de solidaridad en este día especial en el que se celebra el Día internacional de las personas con discapacidad, o personas con diversidad funcional, uniéndome también en oración por todas aquellas familias, en pro de una visibilidad y sensibilización dentro de la sociedad y de nuestras iglesias ADE. Porque ellos no son invisibles.  

 

  • Belén Lechuga