Balanceando nuestro equilibrio

Hay una frase del escritor estadounidense Wallace D. Wattles que dice: “La mente equilibrada y calmada es la fuerte; la agitada y con prisas es la débil”.  Durante el anterior artículo, expuse la necesidad de tener equilibrio en nuestro carácter, personalidad y temperamento, y ciertamente esta frase de Wallace define muy bien el tipo de mente y pensamiento que favorece un matrimonio  fuerte. Mente equilibrada y calmada.

Me hace gracia tener que retomar todos los anteriores artículos, pues la incomunicación suele ocurrir por una mente agitada y con prisas, la comunicación proactiva se realiza desde una mente equilibrada y calmada y para ello el carácter, la personalidad y el temperamento deben de ir al unísono y como explicaba en el artículo “Caracterizados por el carácter”, equilibrado. 

Proverbios 16:32 ilustra la realidad de lo que escribo diciendo: “Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad” (RV1960). Para mantener el equilibrio en toda acción y pensamiento es necesario poner en práctica el fruto del Espíritu Santo, y sobre todo en los aspectos de amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza, sin ellos no alcanzaremos el dominio propio, sin ellos no enseñorearemos nuestro espíritu. Es dominio equilibrado es el que debemos de buscar. 

En la sabiduría hebraica se nos presenta de manera práctica con antitéticos, es decir frases que nos hablan de los contrario, el sabio esto y el necio aquello, expresándonos como debemos actuar. Más Eclesiastés es el libro del equilibrio, así como el pasaje de 1ª Corintios 13 acerca del amor… Tiempo para esto y tiempo para aquello, es decir equilibrio para que todo ocurra, todo pase… si tengo esto pero sin aquello nada soy… equilibrio para no ser fachada en nuestras acciones si no realidad.

Leamos ahora Eclesiastés, capítulo 7, versículos 16 al 18 en la traducción de la Biblia Textual 3ª edición:

(16)  No seas demasiado justo, ni presumas ser muy sabio; ¿para qué matarse?

(17)  No seas demasiado impío ni insensato. ¿Por qué morir antes de tiempo?

(18)  Bueno es agarrar lo uno sin soltar lo otro, porque el que teme a Elohim de todo sale bien parado.

Durante mayo del 2021, justamente las meditaciones matinales que desde la iglesia remitimos a los hermanos estaban basadas en el análisis del libro de Eclesiastes. Al preparar esta parte, me di cuenta de como el sabio habla al necio de la necesidad de equilibrar las acciones y ser conscientes de lo que hacemos. No sirve de nada ser demasiado justo, demasiado insensato… presumir de ser sabio si tu actuación es extremista y. Como dice el predicador, “Bueno es agarrar lo uno sin soltar lo otro”, entendidos y equilibrados a la hora de actuar. La promesa viene bien definida después, salir bien parado de todo. Que bueno es saber que si entablamos discusiones, si corregimos a nuestros hijos, si enseñamos su caminar y mantenemos los equilibrios bien balanceados saldremos bien parados.

 “Mas el hombre entendido endereza sus pasos” (Pro. 15:21, RV1960) o podríamos decir que el somos entendidos si enderezamos nuestra acciones y enderezar no es muy diferente de equilibrar. La expresión hebrea usada aquí es “Yashár”, que significa estar derecho, caminar recto o estar parejo, pues no se puede caminar así si tus acciones no son parejas, equilibradas.

Al respecto de ser equilibrados, quiero que miréis primero la definición que la R.A.E. nos aporta al respecto:

“Estabilidad psíquica que se manifiesta en el comportamiento normal con la gente, en la sensatez y medida de los actos y juicios.”

Es muy curioso que parte del significado sea sensatez, que tiene que ver con la sabiduría al pensar y la prudencia al actuar. Y esta manera de actuar y pensar viene bien definida en los Proverbios. En el capítulo 2, nos expresa la necesidad de ella y como a través de ella comprendemos la justicia, el juicio, la equidad y todo buen camino. Y como expresa más adelante la discreción (Prudencia y sensatez para formar un juicio y tacto para hablar u obrar) nos guardará y nos librará del mal camino.

La tendencia humana es a obrar de manera alborotada y con prisas sin parase a meditar. A la hora de tratar los asuntos familiares podemos decir este refrán, que “Faena hecha no mete prisa”, es decir cuanto más trabajemos en todo lo que hemos ido exponiendo en anteriores artículos, menos necesidad de prisas habrá para resolver las cosas, pues el sentido común, la paciencia y la sensatez se sientan a resolver junto con vosotros cualquier disputa, problema o adversidad.

Hoy estoy con mi vena refranera: “Juez con prisa, juez que yerra”, o como decía mi abuela: “La prisa no es buena consejera”.

Lo contrario de la prisa es: Meditar, ser sensato, tener prudencia, ser sabio, tener inteligencia… Cualidades que requiere Dios de nosotros y que sus contrarios en la Palabra de Dios se les denomina como necios, impíos o insensatos.

Una de las dificultades que una familia se encuentra a la hora de obrar con sensatez, prudencia y equilibrio es en cuanto a los roles familiares y la educación de los niños. Algo que me gustaría tratar en el próximo artículo para finalizar este punto sobre el equilibrio. 

Pero vamos a finalizar aquí un pensamiento sabio:

Hay una frase de Lao-Tsé digna de ser nombrada y meditada al respecto de todo lo comentado: “El hombre corriente, cuando emprende una cosa, la echa a perder por tener prisa en terminarla”. No tengamos prisa por terminar los asuntos familiares, sino obremos con sensatez, prudencia y equilibrio, pero hagámoslo como dice el refrán: “Sin prisa, pero sin pausa”.

El matrimonio y la familia es la base de la sociedad, cuídalos.