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Hay una frase del famoso filósofo Aristóteles que dice: “Nuestro carácter es el resultado de nuestra conducta”. El carácter. ¡Oh!, cuantas veces escucharé la expresión: “Es mi carácter”, como excusa ante una mala actitud o conducta. Muchos aprenden mal y generan un carácter difícil, pero esto no es excusa para ningún tipo de comportamiento que provoque falta de crecimiento y una mala relación matrimonial. Me encanta Proverbios 6 desde el versículo 16 al 19, sobre todo cuando expresa que Dios aborrece la lengua mentirosa, la siembra de discordia y el corazón que maquina pensamientos inicuos pues revela el tipo de conducta que demostramos por desgracia hacia nuestro cónyuge. Primero debemos librarnos del problema de no reconocer nuestros errores antes que aplacar nuestro “ego”, “yo”, “carácter” … llámalo como desees, pero ciertamente las excusas “soy así” se verá desvelada. Pues acabará siendo descubierta la realidad, una realidad que por mucho que queramos esconder siempre tiene las “patitas muy cortas” por lo que no hay un esfuerzo en amoldar y dominar lo denominado por muchos como nuestro carácter que está asociado a nuestra conducta. Hay una tendencia matrimonial a querer cambiar a nuestros cónyuges y su carácter cuando lo que debemos hacer de manera personal e individual es amoldar el nuestro.

¿Tu carácter, temperamento o personalidad, influencian en la relación conyugal? ¿Tu carácter, temperamento o personalidad necesita ser moldeado en algún aspecto?

Voy a ampliar los términos, carácter, temperamento y personalidad para dominarlo y aprovecharlo en positivo. Hay tres conceptos que se relacionan pero que ciertamente usamos mal y debemos de entender para poder avanzar en este nuevo artículo sobre las relaciones matrimoniales.

CARÁCTER:

Comúnmente, el carácter se divide en fuerte y débil. Un carácter fuerte se caracteriza por la capacidad de mantener la propia elección, a pesar de adversidades. Por el contrario, la persona considerada con un carácter débil es fácilmente dominada por el carácter de los demás.

Normalmente, la calificación carácter débil y/o fuerte se asocia con la distinción entre un buen carácter y/o mal carácter. Esta distinción refleja más el modo de expresión del individuo particularmente en sus relaciones con los demás. Podría decirse que un carácter fuerte se acompaña de un mal carácter, pero todas las formas de excepción son posibles.

PERSONALIDAD:

La personalidad es un constructo psicológico, que se refiere a un conjunto dinámico de características psíquicas de una persona, a la organización interior que determina que los individuos actúen de manera diferente ante una determinada circunstancia. El concepto puede definirse también como el patrón de actitudes, pensamientos, sentimientos y repertorio conductual que caracteriza a una persona, y que tiene una cierta persistencia y estabilidad a lo largo de su vida, de modo tal que las manifestaciones de ese patrón en las diferentes situaciones poseen algún grado de predictibilidad.

TEMPERAMENTO:

El temperamento es la peculiaridad e intensidad individual de los afectos psíquicos y de la estructura dominante de humor y motivación. El término proviene del latín temperamentum: ‘medida’. Es la manera natural con que un ser humano interactúa con el entorno. Puede ser hereditario y no influyen factores externos (sólo si esos estímulos fuesen demasiado fuertes y constantes); es la capa instintivo-afectiva de la personalidad, sobre la cual la inteligencia y la voluntad modelarán el carácter (en el cual sí influye el ambiente); ocupa también la habilidad para adaptarse, el estado de ánimo, la intensidad, el nivel de actividad, la accesibilidad, y la regularidad; el temperamento es la naturaleza general de la personalidad de un individuo, basada las características del tipo de sistema nervioso.

  • Sanguíneos, las personas con un humor muy variable.
  • Melancólicos, personas tristes y soñadoras.
  • Coléricos, personas cuyo humor se caracterizaba por una voluntad fuerte y unos sentimientos impulsivos.
  • Flemáticos, personas que se demoran en la toma de decisiones, suelen ser apáticas, a veces con mucha sangre fría, en las cuales la flema era el componente predominante.

Cuando analizamos estos tres aspectos de nuestro “yo”, vemos que algunos son influenciables y otros pueden provenir de nuestra propia genética, pero lo que está claro es que, al carácter, temperamento y la personalidad la atas en corto a través del Espíritu. Él está dispuesto a llevarnos por el buen camino de la buena conducta, más la carne es débil como dice Mateo 26:41.

Siempre tendemos a negativizar o positivar nuestras características según el pensamiento de esta sociedad, pues en ella o es malo o es bueno, más aquí, teniendo en cuenta lo que hemos leído, los conceptos bien manejados, en su justa medida y no llevados al extremo, son necesarios para un buen fundamento del “yo” del individuo y del “nosotros” en la pareja.

Equilibrio es la palabra. Equilibrio rompe con el “Yo soy así”, pues busca lo mejor y más justo para cada momento. El ser humano es de extremos, sí, más Dios es un Dios de armonía y nos creó equilibrados más nosotros somos los que nos desequilibramos, espiritual, emocional y conductualmente.

Veámoslo al respecto del carácter:

Dijimos que lo diferenciamos entre fuerte o débil asumiendo que es malo o bueno. Como veis asumimos el carácter fuerte a una actitud mala y el carácter débil a una actitud buena. Rompamos ese esquema en nuestra mente y piensa en los beneficios de un carácter fuerte o débil dependiendo de las circunstancias. Un carácter fuerte implica mantener la propia elección, y en algunos aspectos como individuos, se nos hace muy necesario este tipo de carácter. En el caso de la familia debemos saber que este tipo de carácter es ideal a la hora de enfrentarse a agentes externos o a aspectos de la educación de nuestros hijos donde debemos ser impasibles y mantener nuestra firmeza. Sin embargo, cuando se trata de la pareja, a no ser que sea necesario para corregir actitudes moral o espiritualmente reprobables, es necesario un carácter equilibrado. Un carácter débil es un carácter que se deja dominar por los demás y al final acaban abusando de los que mantienen ese tipo de carácter. Uno no puede permitirse un carácter débil con los hijos, pues como dice el dicho “si le das la mano te agarran hasta el hombro”. Proverbios 16:32 ilustra la realidad de lo que escribo diciendo: “Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad” (RV1960). Para mantener el equilibrio del carácter es necesario poner en práctica el fruto del Espíritu Santo, y sobre todo en los aspectos de amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza, sin ellos no alcanzaremos el dominio propio para obtener un buen equilibrio en nuestro carácter que se manifieste en nuestra conducta.

Veámoslo ahora con respecto a la personalidad:

Está muy ligada la personalidad al carácter. Recordamos que la personalidad son las características psíquicas para poder actuar en circunstancias diferentes. Esta tiene un patrón predecible del cual los cónyuges nos aprovechamos. Sabemos cómo y en qué circunstancias fastidiar, enfadar o manipular a nuestra pareja. ¿Por qué no utilizamos ese conocimiento para apoyar, comunicar y desarrollar el matrimonio? Fácil, porque nuestra personalidad intentará sobresalir por encima de la del otro. Si actuamos de esa manera ponemos en relieve que nuestra personalidad está ligada a un carácter fuerte, por el contrario, el que se deja avasallar pone en marcha su personalidad ligada a un carácter débil. Más al ser equilibrados meditamos en qué manera debemos actuar en cada circunstancia procurando que esta sea intencional, sin malicia y en beneficio del matrimonio. Un ejemplo de esta personalidad equilibrada está reflejado en el actuar que dictamina Proverbios 15:1 “La blanda respuesta quita la ira, más la palabra áspera hace subir el furor” (RV1960). Es un aspecto importante el meditar antes de actuar entendiendo que con cada acción de nuestra personalidad hay una reacción que proviene de lo sembrado. Si avanzamos en Proverbios 15 se nos expresa diferentes aspectos a utilizar en diferentes circunstancias y todos ellos nos llevan hacia una actitud equilibrada en cada momento: “Lengua apacible es árbol de vida, Lengua de los sabios adornará la sabiduría, El corazón entendido busca la sabiduría…” ¿Os dais cuenta de que una personalidad equilibrada va ligada a la actuación con sabiduría? “Mas el hombre entendido endereza sus pasos” (Pro. 15:21, RV1960) o podríamos decir que somos entendidos si enderezamos nuestra personalidad.

Y finalmente veámoslo con la perspectiva de nuestro temperamento:

Si os fijáis en la pequeña lista de temperamentos más extendida, en cada uno de ellos se manifiesta los extremos y la falta de equilibrio. Leímos también que estaba ligado a la personalidad siendo el temperamento la capa instinto-afectiva, llevándonos a la medida de nuestras acciones y conductas de manera variable, triste, soñadora, impulsiva, con voluntad fuerte o apática y fría. Un desequilibrio que fomenta el carácter y la personalidad extrema. Hablábamos anteriormente de la importancia de meditar en nuestras conductas a través de una personalidad equilibrada en cada circunstancia, más, las montañas rusas emocionales en las que todo el tiempo subes y bajas, nos hacen perder el equilibrio emocional, espiritual y conductual que necesitamos mantener para no dañar nuestro matrimonio ni a nuestra familia. No hay malo en ciertas circunstancias tener una voluntad fuerte, en ser soñadores o incluso sangre fría para abordar circunstancias difíciles adversas, pero cuando las llevamos al extremo nos llevan directamente a la ruina. Proverbios 13:3-6; 16 y 23 parece una radiografía de los extremos temperamentales y reflejan la problemática del humor variable, triste, soñador, voluntad fuerte o impulsiva, la apatía o la sangre fría.

  • 3 El que guarda su boca guarda su alma; mas el que mucho abre sus labios tendrá calamidad.
  • 4 El alma del perezoso desea, y nada alcanza; mas el alma de los diligentes será prosperada.
  • 5 El justo aborrece la palabra de mentira; mas el impío se hace odioso e infame.
  • 6 La justicia guarda al de perfecto camino; mas la impiedad trastornará al pecador.
  • 16 Todo hombre prudente procede con sabiduría; mas el necio manifestará necedad.
  • 23 En el barbecho de los pobres hay mucho pan; mas se pierde por falta de juicio.

Cuan necesario es aprender a tener una buena conducta a través de un carácter, personalidad y temperamento equilibrados. Pidamos al Señor sabiduría a la hora de tratar a nuestros cónyuges e hijos y seamos conscientes de todos los aspectos positivos y negativos que tiene nuestro carácter, personalidad y temperamento para poder ponerlos en favor de una buena conducta que de crecimiento en la familia. No puede pender de un hilo nuestras relaciones familiares por algo que podemos controlar a través del domino propio y buscando sabiduría de lo Alto.

El matrimonio y la familia es la base de la sociedad, cuídalos.

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