Esta declaración se fundamenta en el documento más amplio y vinculante a este texto, encargado a la Comisión de Investigación Teológica de ADE, que juntamente se presentan a aprobación por parte de la Asamblea General.
Preámbulo
Ante la aprobación y repercusión mediática de la Ley Orgánica 3/2021, de 24 de marzo sobre eutanasia que atañe no solo a la sociedad en general, sino también a la Iglesia y a su acción pastoral dentro y fuera de la misma, como «sal de la tierra y luz del mundo». La Iglesia tiene que ser testimonio de vida, siguiendo el modelo de Cristo, y constituirse en una voz profética que fundamentada en los principios divinos revelados en las Sagradas Escrituras, pueda ser escuchada y atendida también por los no creyentes. Es en este marco amplio que se conforma esta Declaración Institucional sobre la eutanasia.
Declaración que toma en cuenta tanto este marco de referencia amplio, siendo sensible a las diversas casuísticas particulares, que resultan en un profundo sufrimiento para quienes sobrellevan procesos de enfermedades irreversibles con mucho dolor, como también por los que padecen al lado de los que se duelen, considerando la perspectiva cristiana para los cristianos pero también, que esa misma perspectiva pueda permear a la sociedad carente de Dios y de esperanza, seguros de que todo el mundo quiere vivir –aunque no se sea plenamente consciente de ello–, porque una sociedad sin Dios está alienada, y necesariamente refrenda una cultura de muerte donde la desesperanza campa libremente, sin límites precisos y las enfermedades del alma: ansiedades, depresiones, enfermedades emocionales y psicológicas, proliferan de forma alarmante. Este posicionamiento ante la eutanasia confronta esta cultura de muerte y reafirma, con el máximo respeto, los valores intrínsecos de la vida como un don de Dios al que estamos llamados a cuidar y velar.
Como cristianos evangélicos asumimos que la muerte no es el final, sino un mero trance en el camino hacia la vida eterna y así como la vida surge de Dios mismo y depende de Él, también el trance de la muerte le pertenece. En todo caso, al ser humano le corresponde velar por preservar el legado de la vida, comprometidos con los cuidados paliativos y el sufrimiento del paciente y de su entorno.
Declaración institucional
- 1.Las Asambleas de Dios de España expresan su rechazo a las prácticas de la eutanasia y el suicidio asistido, por considerarse contrarias a la revelación divina que protege la conservación de la vida de todo ser humano. En tal sentido todo cristiano deberá abstenerse de dichas prácticas pecaminosas, para sí o para otros, evitando cualquier forma de complicidad en actos que generen la muerte.
- 2.Es deber de la Iglesia de Jesucristo levantar su voz profética para advertir de los riesgos éticos, morales y espirituales que conllevan la instauración de la eutanasia y del suicidio asistido como método de evitar el dolor y el sufrimiento. La iglesia como sal y luz, tiene el deber de expresar en términos incondicionales la esencia de sus principios morales y sus convicciones espirituales.
- 3.Es el deber y responsabilidad de las autoridades gubernamentales, de la sociedad civil, de las instituciones de salud y de los colegios profesionales de sanitarios el proveer los medios necesarios para el alivio del dolor. La solución ante el sufrimiento de los pacientes en estado terminal no es la eutanasia ni el suicidio asistido, sino la implementación de tratamientos y recursos que permitan una mejor calidad de vida y la eliminación del dolor como principal causa de sufrimiento.
- 4.El uso de medicación para el alivio del dolor, con efectos secundarios que potencialmente acorten la vida del paciente en fase terminal, entendido como doble efecto se considera aceptable y necesario, siempre que el potencial acortamiento de la vida del paciente sea un efecto secundario no deseado y no exista otra vía más inocua de obtener iguales o mejores resultados.
- 5.Es un deber cristiano el mostrar amor con hechos tangibles a los que sufren enfermedades degenerativas y dolores crónicos. La declaración más contundente a favor de los enfermos incurables y en contra del suicidio asistido y la eutanasia, la hacen los individuos que proveen apoyo espiritual en los hogares de dichos enfermos o en los centros de cuidado paliativo, quienes sirven como capellanes en hospitales, o quienes ofrecen cuidado amoroso en los asilos de ancianos, y de otra manera ministran a los que están sufriendo y muriendo. Las congregaciones locales deben potenciar los ministerios de misericordia y acompañamiento a los pacientes desahuciados. El apóstol Juan nos amina, “hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad” (1 Juan 3:18).
- 6.Es también un deber cristiano el proveer atención pastoral sabia y sensible a creyentes y familiares involucrados en estos dilemas éticos. Urgimos a la promoción de los cuidados paliativos, que ayudan a vivir la enfermedad grave sin dolor y al acompañamiento integral, por tanto también espiritual, a los enfermos y a sus familias. Este cuidado integral alivia el dolor, consuela y ofrece la esperanza que surge de la fe y da sentido a toda la vida humana, incluso en el sufrimiento y la vulnerabilidad.
- 7.Es muy recomendable que los creyentes expresen formalmente su negativa a ser objetos de eutanasia en caso de incapacidad mental o estar bajo la tutela o representación de un tercero durante la fase terminal de cualquier enfermedad letal. Esta declaración de negativa ante una posible eutanasia es un derecho legal de todo residente en España y existe la manera de realizarse oficialmente a través de la página web de cada Consejería de Salud de las comunidades autonómicas o mediante un testamento vital ante notario, con sus consecuentes inscripciones en el Registro de Voluntades Vitales Anticipadas de cada comunidad autónoma y del Registro Nacional de Instrucciones Previas.
Gandía, 26 de febrero de 2023 · XVIII Congreso ADE