La familia Cristiana hoy



INTRODUCCIÓN

Una carta es la forma más personal de comunicación en la literatura, es la forma mas viable de conocer al autor, es en ellas donde el apóstol Pablo abría su mente y corazón a los que tanto amaba; en ellas se puede percibir su gran inteligencia enfrentándose con los problemas de la iglesia primitiva, se plasma en ellas su gran amor por las almas de los hombres, por los descarriados y equivocados o extraviados por el error.

Se llaman así porque mayormente están dirigidas a pastores, no en el sentido técnico, o porque atienden asuntos pastorales. Este apelativo aparece por primera vez en 1703 por medio de D.N. Berdot, pero fue Paul Antón, en 1753 quien lo popularizó por medio de su obra póstuma

DEFINICIÓN SOCIAL DE LA FAMILIA HOY

La definición y trasfondo de la familia en nuestro país

La familia como institución, es la unidad social que garantiza la permanencia y continuidad de las sociedades en su recorrido histórico. Es evidente que los cambios que se han producido en esta institución han sido considerables al mismo tiempo que flexibles y dinámicos en cuanto a su estructura, estatus y organización, debido, especialmente, a las circunstancias históricas sociales que brevemente reseñamos y que dan sentido al concepto de familia actual en nuestro país.

Todos estos cambios tienen un origen, proceso y sentido. Estos, están relacionados, como consideran muchos especialistas en la materia, con la industrialización, crecimiento demográfico urbano y la implementación del centro del sistema político y del ordenamiento jurídico de España, la Constitución en 1978.

Breve reseña histórica

Iniciamos esta escueta reseña con la sociedad preindustrial fundamentalmente rural y agrícola. En base a este orden se organizaban las familias. Se entendía a la misma como una unidad de producción que en la medida de lo posible buscaba el autoabastecimiento. Predominaban las familias extensas y éstas asumían la educación de sus integrantes, el cuidado de los mayores, al mismo tiempo que se establecía como fuente de ingresos para sus integrantes.

El comienzo de la industrialización, a mediados del XIX, trajo como consecuencia el crecimiento demográfico y la urbanización de la sociedad. Aparecen cambios propios al integrarse un nuevo concepto de sociedad. El heredero del patrimonio familiar hasta entonces asumía esa responsabilidad, pero esto se ve trastocado ante el nuevo sistema de vida para incorporarse a los azares de una nueva sociedad floreciente, la urbana.

Los niños entraban de lleno en el mundo de los adultos. Las mujeres participaban en la producción familiar, pero sin más derechos. Su participación era prácticamente nula. Se desarrollan considerables cambios en la unidad familiar influenciados por aspectos sociales, políticos y económicos del primer tercio del S. XX.

Posteriormente, con la guerra civil, se estancan estos cambios teniendo que esperar hasta después de la dictadura. Aunque se inician estos cambios muy tímidamente. El régimen franquista promueve valores relacionados con la familia desde un punto de vista moral e institucional-religioso donde, el “hombre tenía capacidad jurídica plena y la mujer casada tenía capacidad jurídica dependiente”.

Ya en la década de los 60, con un tono más aperturista por parte del Régimen y ante la influencia de otros países, la familia nuclear comienza a predominar ante los conceptos más tradicionales de familias extensas. Todo ello está relacionado con las mejoras y creciente desarrollo económico de nuestro país.

Será con la Constitución española de 1978 donde se marcará un punto de inflexión determinante, introduciendo cambios en los conceptos de igualdad entre el hombre y la mujer, hasta entonces inexistentes. Otro cambio destacado es la implementación de los derechos de igualdad de los hijos sea cual sea la relación o situación civil de sus padres. La patria potestad deja de ser un derecho exclusivo del padre para ser un derecho compartido entre el padre y la madre.

Pasamos a una sociedad globalizada con avances tecnológicos en el hogar y la vida industrial urbana. Esto unido a los cambios legislativos en los democráticos, han ido desarrollando una nueva realidad, teniendo que ser modificadas las leyes para garantizar el trato igualitario de la mujer y el hombre, la protección de los hijos/as, reconociendo el divorcio, las parejas de hecho incluyendo las heterosexuales y en algunos países como el nuestro reconociendo el matrimonio de estos.

Cambios recientes

Los cambios se están produciendo a una velocidad vertiginosa que afecta a la propia vida familiar y a la sociedad per se. Hemos de destacar:

  • A nivel familiar, hay un fuerte descenso en la natalidad, liberalización en las variadas formas de sexualidad, el incremento fecundidad fuera del matrimonio, retraso en la edad del matrimonio o invalidez y desuso de esta institución. Uso de anticonceptivos, retraso en el abandono del hogar por parte de los hijos, apertura a uniones libres diversas y aceptadas por organismos e instituciones sociales y políticas.
  • Flexibilidad de las responsabilidades familiares, deseo de libertad y realización personal reflejado en la relatividad de los compromisos, aparición y consolidación de cultura del divorcio, de los derechos, pero no deberes, relativismo permisivo y aceptado social y emocionalmente.

La familia nuclear reducida, con una media de 3,3 miembros y 1,7 hijos, con 1,17 por mujer en edad fértil, va creciendo levemente por la inmigración.

Tipología de la familia

La familia es la institución social más extendida y antigua de todas.

Cambios en la definición y extensión

Su definición y extensión ha sido modificada socialmente, estableciéndose actualmente en la siguiente tipología que incluye la familia tipo nuclear, extensa, monoparental, homoparental, reconstituida y en cohabitación. A partir de estas se han establecido otras como familia de padres separados, familia multinuclear, familia DINK que significa “dual income, no kids” (doble ingreso, sin niños) y la familia LAT (que se trata de parejas que tienen una relación seria y estable pero no comparten domicilio, no viven juntos).

Además, se pueden combinar varias tipologías de familia, estableciéndose ejemplos muy variados, “monoparentales extensas” es decir, un progenitor con uno o varios hijos y otras personas con parentesco (abuelos, tíos, primos…).

Esta diversidad familiar no es más que un reflejo de la evolución de la sociedad en el tiempo, donde se considera que todo el mundo tiene cabida y juega un papel importante dentro de un núcleo, con o sin parentesco. Se confirma que lo que se ha venido considerando como “familia normal” ha dejado de existir, y, ahora lo “normal” es la diversidad social que hace que se considere a cada familia como única, especial y diferente.

Dimensión evolutiva

Desde la dimensión evolutiva, cuatro son las funciones fundamentales según diversos autores (Palacios y Rodrigo, 1998; Bradley y Caldwell, 1995; Bradley, 2002; Bornstein, 2002) que la familia lleva a cabo con sus hijos, hasta el momento en que éstos están en condiciones de un desarrollo plenamente independiente:

  • Asegurar la supervivencia y mantenimiento de los hijos, un crecimiento saludable y que se socialicen con conductas básicas de comunicación, diálogo y simbolización.
  • Aportar a sus hijos un clima de afecto y apoyo sin los cuales no resultaría posible desarrollar el ámbito psicológico adecuado.
  • Aportar a los hijos la estimulación mediante múltiples contextos, recursos e interacciones suficientes, que extiendan el mundo cognitivo y emocional.
  • Apertura a otros contextos educativos ya que necesitan el contacto con sus iguales y les posibilita la apertura a nuevos contextos socializadores complementarios.

Dentro del desarrollo psicológico, la familia tiene un papel esencial en la adquisición del conocimiento de sí mismo, la propia utilidad, la autoestima, el autoconcepto, el aprendizaje, las destrezas sociales y el sentimiento de pertenencia al grupo.

Estilos familiares y respuestas educativas

Tal y como exponen Palacios y Rodrigo (1998), “los padres actúan con sus hijos, encauzan su comportamiento en una determinada dirección, se aseguran de que no actúen de una determinada manera, ponen límites a sus deseos, les procuran satisfacciones y les hacen soportar frustraciones”. Todo este grupo de conductas es denominado estrategias de socialización. Los padres actúan con sus hijos de forma individualizada, y varía en función de las diferentes culturas en la que se desenvuelven. Dentro de estas formas de actuación se distinguen cuatro dimensiones:

  • Afecto: Hace referencia al grado de aceptación acompañado de estímulos como el ánimo, apoyo y cariño, frente al nivel de rechazo con estímulos hostiles, de restricción, culpa y vergüenza.
  • Control: Se refiere al nivel de disciplina y regulación normativa. Este control lo pueden ejercer mediante la afirmación de poder (castigo físico, amenaza, etc.); la retirada de afecto (para expresar el enfado, decepción, etc.) o la inducción (hacer reflexionar al niño sobre el porqué de su acción y las consecuencias que ésta tiene).
  • Comunicación padres-hijos: Los padres con altos niveles de comunicación, que razonan, dan explicaciones, piden opiniones a sus hijos, los escuchan y llegan a modificar su comportamiento tras escuchar al niño y obtener su conformidad. Por el contrario, también, se encuentran padres con bajos niveles de comunicación que ofrecen las conductas opuestas como son la distracción o acceder a los llantos de los niños.
  • Exigencias de madurez: Los padres que exigen altos niveles de madurez a sus hijos son los que les presionan y animan para desempeñar al máximo sus cualidades. Los que no plantean retos acostumbran a subestimar las competencias del niño o piensan en dejar que “el desarrollo siga su curso”.

La combinación de estas cuatro variables da como resultado cuatro estilos educativos en los padres: padres democráticos, padres autoritarios, padres permisivos y padres indiferentes. Por consiguiente, cada estilo educativo tendrá consecuencias en sus hijos e hijas. De los cuatro estilos conductuales, los padres que ejercen un buen equilibrio entre el afecto y el control son los que influyen positivamente en el desarrollo socio-afectivo y personal de sus hijos e hijas. Es cuestión esencial que los niños se sientan aceptados y queridos, pero también comprendan que existen reglas que les ayudan a comportarse adecuadamente con las personas que los rodean.

Propósito social de la familia: educar, transmitir y fortalecer el carácter del ciudadano

Bradley (2002) identifica cinco funciones esenciales que la familia debe realizar para el desarrollo integral de sus miembros dentro del escenario educativo: mantenimiento, estimulación, apoyo, estructuración y control. Estas funciones son fundamentales para asegurar no solo el bienestar y la supervivencia biológica, sino también el desarrollo cognitivo, emocional y social de los niños. A continuación, se amplían y desarrollan estas funciones en detalle:

  • Mantenimiento. La función de mantenimiento se refiere a asegurar la posibilidad, el bienestar y la supervivencia biológica del niño. Esto implica proporcionar los recursos básicos necesarios para la vida, tales como alimento, ropa, vivienda y atención médica. Además, el mantenimiento incluye la creación de un ambiente seguro y estable donde el niño pueda crecer y desarrollarse. Un entorno familiar que satisfaga estas necesidades básicas establece una base sólida para el desarrollo físico y emocional del niño, permitiéndole afrontar los desafíos de la vida con una salud óptima y resiliencia.
  • Estimulación. La función de estimulación se enfoca en proporcionar al niño contextos que atraen su atención y le aportan información sobre el mundo, lo cual enriquece sus funciones cognitivas. Esto puede incluir actividades educativas y recreativas, como la lectura de libros, juegos de aprendizaje, actividades artísticas y excursiones. La estimulación adecuada ayuda al niño a desarrollar habilidades críticas como el pensamiento lógico, la resolución de problemas y la creatividad. Además, fomenta la curiosidad y el amor por el aprendizaje, preparando al niño para un rendimiento académico exitoso y una vida de descubrimiento continuo.
  • Apoyo. La función de apoyo asegura un ajuste psicológico armónico, proporcionando una sensación de equilibrio personal y fomentando la confianza en el mundo y la competencia en las relaciones con los demás. Este apoyo emocional incluye la atención a las necesidades afectivas del niño, ofreciéndole amor, comprensión, empatía y seguridad. Los padres y cuidadores deben estar presentes emocionalmente, brindando un entorno en el que el niño se sienta valorado y comprendido. Un apoyo robusto promueve la autoestima, la resiliencia emocional y la capacidad de establecer relaciones saludables y significativas.
  • Estructuración. La estructuración implica transmitir al niño una organización óptima de objetos, situaciones e interacciones con los demás, así como de actividades. Esto incluye la creación de rutinas y normas claras que proporcionan un sentido de orden y previsibilidad. Una estructura adecuada ayuda al niño a comprender y navegar el mundo de manera eficaz, fomentando un sentido de responsabilidad y autodisciplina. Además, la estructuración facilita el desarrollo de habilidades organizativas y de gestión del tiempo, que son esenciales para el éxito académico y personal.
  • Control. La función de control se refiere al seguimiento y la revisión de las actividades del niño relacionadas con aspectos emocionales, sociales y de rendimiento. Los padres deben supervisar y guiar el comportamiento del niño, estableciendo límites y expectativas claras, y proporcionando retroalimentación constructiva. El control efectivo no se trata de una supervisión autoritaria, sino de una guía cariñosa que ayuda al niño a entender las consecuencias de sus acciones y a desarrollar un sentido de autocontrol y responsabilidad. Este proceso es crucial para el desarrollo de una conducta ética y para la prevención de comportamientos problemáticos.

En conclusión, estas funciones delineadas por Bradley (2002) subrayan la importancia de un enfoque integral en la educación y desarrollo de los niños dentro del entorno familiar. Al cumplir con estas funciones, las familias no solo aseguran el bienestar físico de sus hijos, sino que también fomentan su crecimiento cognitivo, emocional y social. Un compromiso consciente con estas responsabilidades crea una base sólida para que los niños se conviertan en individuos equilibrados, competentes y preparados para enfrentar los desafíos del mundo moderno.

IDENTIDAD BÍBLICA DE LA FAMILIA

Definición, características y funciones

La Biblia enseña que el ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:27), y diseñado para vivir en familia. Esta estructura familiar no es un accidente social, sino un diseño intencional de Dios para reflejar su amor y orden. La Palabra de Dios insta a una unión matrimonial heterosexual, formada por un hombre y una mujer, nacidos como tales, monogámica y de compromiso permanente (Mateo 19:4-6). Este tipo de vínculo es esencial para fomentar el compañerismo fiel y la ayuda mutua. La relación matrimonial es un reflejo de la relación entre Cristo y la Iglesia, marcada por el amor sacrificial y la fidelidad inquebrantable. Este modelo excluye la violencia física o emocional, promoviendo en su lugar una convivencia basada en el respeto y el cuidado mutuo. Cuando esta unión está basada en una relación espiritual con Dios, se convierte en una sólida garantía para la santidad y la felicidad, permitiendo que ambos cónyuges crezcan juntos en su fe y compromiso mutuo.

Ayuda mutua en el contexto matrimonial

La Biblia enseña que, en el contexto matrimonial, los cónyuges deben ayudarse solidaria y mutuamente, apoyándose y fortaleciéndose ante la adversidad. Efesios 5:21-33 describe esta relación, instando a los esposos a amarse y respetarse mutuamente, reflejando el amor de Cristo por la Iglesia. Este pasaje subraya la importancia del amor y la sumisión mutua como pilares de una relación matrimonial saludable. El amor sacrificial del esposo y el respeto y apoyo de la esposa crean un entorno en el que ambos pueden florecer. Este modelo de interdependencia y apoyo mutuo es crucial para enfrentar los desafíos de la vida juntos, fortaleciendo el vínculo conyugal y proporcionando un ejemplo tangible de la gracia de Dios en acción.

Igualdad y Complementariedad en el Servicio

Por la fe y salvación en Jesucristo, tanto hombres como mujeres son restaurados a una misma vocación de servirle sin referencia a distintivos raciales, sociales o de género (Gálatas 3:28). En Cristo, todas las barreras que dividen a la humanidad son derribadas, y se establece una nueva identidad basada en la igualdad y la unidad. La Palabra de Dios refleja y hace visible, con total normalidad, el llamamiento de ambos cónyuges a servir en igualdad y complementariedad en el ámbito familiar. Cada miembro de la familia tiene dones, capacidades y habilidades únicos que deben ser desarrollados y utilizados para el bien común. Este enfoque no solo fortalece la relación conyugal, sino que también contribuye al crecimiento espiritual y emocional de la familia, creando un entorno en el que cada persona puede alcanzar su máximo potencial en Cristo.

Complementariedad en el matrimonio

Proverbios 31:10-31 ofrece una visión de la complementariedad en el matrimonio, describiendo a la mujer virtuosa que trabaja diligentemente para el bienestar de su hogar. Esta mujer ejemplar no solo administra eficazmente las tareas del hogar, sino que también participa en actividades comerciales y caritativas, mostrando una amplia gama de habilidades y fortalezas. De igual manera, el hombre es llamado a liderar con amor y cuidado, como se menciona en 1 Pedro 3:7, donde se insta a los esposos a vivir con sus esposas de manera comprensiva y respetuosa. En este ámbito de relación, la llegada de descendientes es bendecida y aprobada por Dios (Salmo 127:3), aunque esto no significa que la no concepción de hijos sea consecuencia de lejanía o desobediencia a Él. La Biblia deja claro que los hijos son una herencia del Señor, pero también subraya que el valor de una persona no depende de su capacidad para tener hijos. La relación matrimonial debe ser un reflejo del amor de Dios, independiente de la capacidad de procrear.

Valorización de la Soltería

La Biblia también valora profundamente la soltería como un estado de vida honorable y aprovechable para el servicio a Dios (1 Corintios 7:32-35). Según las Escrituras, la soltería no es un estado inferior al matrimonio. Jesús mismo, así como el apóstol Pablo, vivieron vidas plenas y fructíferas sin estar casados. Pablo señala en 1 Corintios 7 que la soltería puede ser una opción altamente productiva y bendecida por Dios, permitiendo una dedicación más completa al servicio del Señor. La soltería ofrece una oportunidad única para servir a Dios sin las distracciones y responsabilidades adicionales que conlleva el matrimonio. Aquellos que eligen la soltería pueden dedicar más tiempo y energía a la obra del Reino, mostrando que la vida plena y significativa en Cristo no está limitada al estado civil.

En conclusión, la enseñanza bíblica sobre la familia destaca la importancia de una relación matrimonial basada en el amor, la fidelidad y la complementariedad, mientras que también valora y honra la soltería como un estado de vida bendecido y útil en el plan divino. La familia, así concebida, se convierte en un reflejo del amor de Dios y un testimonio de su gracia en el mundo. Tanto el matrimonio como la soltería son valiosos a los ojos de Dios y pueden ser utilizados para glorificar su nombre y avanzar en su propósito eterno. La elección entre matrimonio y soltería debe ser guiada por el llamado personal de Dios y la búsqueda de su voluntad, sabiendo que ambos estados pueden ser igualmente fructíferos y bendecidos.

Educar en la fe

Lo que un niño sabe es siempre una mezcla de lo que ha experimentado y de lo que se le ha enseñado. En este sentido, lo que más moldea la personalidad del niño es el aprendizaje en la familia: lo observado y lo experimentado en el hogar, en el microcosmos familiar, predispone hacia los demás y hacia sí mismo. Por ello, el papel de los padres es decisivo en el desarrollo del niño, ya que son los agentes socializadores primarios por excelencia. Proverbios 22:6 instruye a los padres a "Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él". Como lo señala James Dobson: "Los padres deben tomar una postura firme para establecer las bases morales y espirituales en la vida de sus hijos".

La Familia como transmisora de valores y fe

Todas las personas participamos de una situación social, política, cultural y religiosa determinada. El hogar y la familia, de esta forma, son transmisores y generadores de los cimientos de la religiosidad, siendo esta primera impronta decisiva en el posterior desarrollo de la fe. Un niño que crezca en un ambiente familiar impregnado por la presencia de Dios o, al menos, donde se tiene en cuenta la dimensión espiritual, tendrá más facilidad para desarrollar una religiosidad integrada con normalidad dentro del resto de dimensiones de su persona. Deuteronomio 6:6-7 enfatiza la importancia de esta transmisión: "Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes". Momentos: Por la mañana, comidas, desplazándose juntos, hora de dormir.

  • Comunicación: Palabras de ánimo, conversaciones formales, diálogos informales, conversaciones íntimas.
  • Rol Parental: Entrenador, maestro, amigo, consejero.
  • Meta: Inculcar propósito, establecer valores, interpretar la vida, aumentar la intimidad.

Gary Chapman, en su libro Los Cinco Lenguajes del Amor, destaca: "El hogar es la primera escuela de aprendizaje del amor y la espiritualidad".

Mandato bíblico de transmisión de la fe

En Deuteronomio 6 encontramos el mandato de Dios de que la fe se transmita de padres a hijos, aportando algunas pautas prácticas para llevarlo a cabo. Tomando en cuenta los cuatro momentos diferentes del día que se describen en Deuteronomio 6:7, podemos pensar en cuatro escenarios diferentes donde los padres pueden trabajar en la transmisión de la fe a sus hijos, asumiendo cuatro tipos de aproximaciones hacia ellos, en base a cuatro objetivos o metas a conseguir. Tim Kimmel en Grace-Based Parenting comenta: "Los padres deben ser intencionales en enseñar y modelar la gracia y la verdad de Dios a sus hijos en cada momento del día".

El rol de la iglesia en la educación espiritual

La iglesia, como comunidad de fe, debe ser una ayuda para la educación espiritual de los hijos y la familia, centrando su enseñanza en la Palabra de Dios, buscando la transformación de la persona y equipando a los miembros para saber defender y transmitir sus creencias, siendo un reflejo del carácter de Dios y el poder del Espíritu Santo. La fe es algo personal pero que se aprende, vive y crece en comunidad. Hebreos 10:24-25 nos recuerda la importancia de la comunidad: "Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca". Dietrich Bonhoeffer en Vida en Comunidad señala: "La iglesia es esencial para el desarrollo espiritual de los creyentes y su educación en la fe".

Comparativa de tiempo de influencia: Familia e Iglesia

En casa, los padres tienen más y mejores oportunidades para trabajar con sus hijos, disponiendo de unas tres mil horas al año frente a las no más de cincuenta que puede ofrecer de promedio una iglesia. En definitiva, transmitir y educar en la fe a los hijos es responsabilidad de los padres. Efesios 6:4 subraya esta responsabilidad: "Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor", pero éstos deben contar con la ayuda, guía y acompañamiento de la iglesia. Howard Hendricks en Teaching to Change Lives menciona: "La educación espiritual de los hijos comienza en el hogar y es fortalecida por la comunidad de fe".

Educar en los valores

Los valores cristianos son principios éticos y morales basados en lo que enseñó Jesús y en la Biblia. Estos valores son la base de la vida y el comportamiento de los creyentes, guiándolos hacia una vida llena de amor, justicia, paz y santidad. Aunque cada denominación puede interpretarlos de manera un poco diferente, la esencia de estos valores se mantiene constante a lo largo del tiempo.

La importancia de los valores

Los valores nos ayudan a llevar una vida plena y significativa y a crear comunidades más armoniosas y justas. Estos valores nos dan una base moral sólida para tomar decisiones correctas y comportarnos de manera ética en nuestras relaciones con los demás y con el mundo. Además, promueven la dignidad humana, la compasión y el respeto por todos, lo cual es esencial para una convivencia pacífica y una sociedad justa. Como dice Miqueas 6:8: "Se te ha declarado lo que es bueno. Ya se te ha dicho lo que de ti espera el Señor: Practicar la justicia, amar la misericordia, y humillarte ante tu Dios".

Algunos valores destacados

Entre los valores cristianos más destacados se encuentran:

  • Amor: Considerado el valor supremo, el amor cristiano es incondicional y sacrificial. Jesucristo enseñó: "Amaos los unos a los otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros" (Juan 13:34).
  • Perdón: El perdón es esencial para la reconciliación y la restauración de relaciones. Jesús enseñó la importancia de perdonar "setenta veces siete" (Mateo 18:22).
  • Humildad: La humildad es reconocida como una virtud que implica reconocer nuestras limitaciones y depender de Dios. Filipenses 2:3-4 nos exhorta a "considerar a los demás como superiores a nosotros mismos".
  • Justicia: La justicia implica actuar con equidad y rectitud. Proverbios 21:3 dice: "Hacer justicia y juicio es a Jehová más agradable que sacrificio".
  • Paz: La paz es tanto una meta como un camino en la vida cristiana. Mateo 5:9 dice: "Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios".
  • Acción de gracias: La gratitud es el reconocimiento y aprecio por las bendiciones recibidas, expresando agradecimiento a Dios y a los demás. 1 Tesalonicenses 5:18: "Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús."
  • Servicio: El servicio es la disposición a ayudar y servir a los demás, siguiendo el ejemplo de Jesucristo. Marcos 10:45: "Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos."

La responsabilidad de los padres

Los padres tienen una responsabilidad fundamental en la transmisión de los valores cristianos a sus hijos. La Biblia enfatiza la importancia de la educación en el hogar (Deuteronomio 6:6-7).

Los padres son los primeros educadores y modelos a seguir para sus hijos, y su papel es crucial en la formación del carácter y la fe de los jóvenes. Como expresó Billy Graham, "Una buena crianza es la piedra angular de una sociedad sana", subrayando la relevancia del papel de los padres en cultivar y nutrir la fe y los valores en sus hijos.

Transmitir los valores cristianos en la familia

La transmisión de los valores cristianos en la familia se puede lograr mediante diversas estrategias:

  • Ejemplo personal: Los padres deben vivir de acuerdo con los valores que desean inculcar. La coherencia entre lo que se predica y lo que se practica es fundamental.
  • Educación y diálogo: Es importante enseñar a los hijos sobre los valores cristianos a través de la lectura de la Biblia, el estudio de la doctrina cristiana y el diálogo abierto sobre cuestiones morales y éticas.
  • Oración y vida espiritual: Fomentar la oración en familia y la participación en la vida espiritual de la iglesia ayuda a fortalecer la fe y a interiorizar los valores cristianos.
  • Servicio y caridad: Involucrar a los hijos en actividades de servicio y caridad puede ayudar a desarrollar en ellos un sentido de compasión y responsabilidad hacia los demás.
  • Disciplina amorosa: La corrección y la disciplina deben ser ejercidas con amor y respeto, siempre buscando el bien del niño y guiándolo hacia el comportamiento correcto.

En conclusión, la transmisión de los valores cristianos es un proceso continuo que requiere dedicación y compromiso por parte de los padres. Al vivir y enseñar estos valores, se prepara a los hijos para enfrentar los desafíos de la vida con una base ética y espiritual sólida.

EL VALOR DE LA FAMILIA CRISTIANA EN LA EDUCACIÓN.

Tolerancia y respeto ante la diversidad social

Lo cierto es que en nuestra sociedad existen diferentes tipos y sensibilidades de familia. Ante esta situación, ¿qué posición debe tomar el cristiano? “Tolerancia” es una palabra muy usada hoy en día en todos los ámbitos por lo que es muy importante definirla.

Ámbito social

En el ámbito social, las percepciones de la tolerancia varían ampliamente. Al indagar entre los ciudadanos, es probable que escuchemos definiciones como: "es una apertura a otras ideas", "permitir libertad de acción", "consentir la ocurrencia de diversos eventos", "abandonar lo tradicional para acoger lo moderno o actual", "es lo que está en boga", "es lo cívico y socialmente aceptable", "ignorar ciertos comportamientos", "soportar". La constante exposición a un sinfín de mensajes e informaciones a través de diversos medios lleva a muchos a asumir que la tolerancia implica una aceptación incondicional de esas creencias o prácticas. Esta noción se ve reforzada por la influencia de ciertas ideologías que promueven concepciones y actitudes específicas, con el fin de establecer una idea común o popular sobre la tolerancia.

Ámbito académico

Por otro lado, la Real Academia Española (RAE) define tolerar como el "respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias" o "permitir algo que no se considera lícito, sin aprobarlo explícitamente". A menudo, existe la falsa percepción de que tolerar implica fingir desconocimiento o ignorancia ante algo que, en realidad, consideramos incorrecto en nuestro fuero interno. Esta interpretación sugiere una actitud de disimulo ante situaciones o comportamientos que deberían ser corregidos.

Ámbito bíblico

La máxima autoridad para un cristiano es la Biblia, de la cual se deben extraer principios que sean aplicables en todo tiempo y lugar, y no normas específicas para casos concretos. En la Biblia, el término "tolerancia" tiene tres acepciones principales en griego, según el Diccionario Vine:

  • Makrothumia: Aparece en Gálatas 5:22 y Colosenses 3:12, y se refiere a "tener paciencia". En la versión Reina Valera 1960, este término se traduce como "paciencia".
  • Anercomai: Es un verbo que literalmente significa "sostener arriba", derivado de "ana" (arriba) y "ecomai" (sostener). Se encuentra en Hechos 18:14; 2 Corintios 11:1; Efesios 4:2; Colosenses 3:13, y conlleva la idea de "soportar, estar bajo una carga con sufrimiento, porque pesa". Mantener algo hacia arriba con los brazos puede resultar agotador y, con el tiempo, se vuelve más pesado.
  • Afiemi: Este verbo implica "consentir, permitir, dejar hacer" y se encuentra en Apocalipsis 2:20.

Por lo tanto, al abordar la cuestión de la tolerancia frente a la diversidad social, es fundamental considerar las dos primeras acepciones del término en griego: paciencia (makrothumia) y soportar la carga (anercomai). En contraste, respecto a aquellos que buscan alterar o distorsionar el Evangelio, es necesario aplicar la tercera acepción (afiemi) y no consentir tales acciones (Jeremías 15:19b).

Los individuos intolerantes tienden a despreciar y criticar a los demás, creyéndose superiores. Están imbuidos de prejuicios y discriminan a quienes difieren de ellos. Se caracterizan por ser intransigentes, autoritarios y reacios a escuchar. ¿Es posible que quienes demandan tolerancia de nosotros sean, a su vez, intolerantes? Sí, Jesús ya nos advirtió sobre esta posibilidad (Juan 15:18-19; 16:4; Mateo 10:22). La realidad es que la hostilidad no se dirige contra nosotros en lo personal, sino contra Él. En la Biblia, se encuentran directrices claras sobre cómo comportarnos en tales situaciones (Juan 10:16-20).

Es crucial comprender el contexto histórico en el que vivimos y actuar con valentía y amor. Al tratar con respeto a los demás, también debemos ser cuidadosos con nuestro lenguaje, adaptándolo según sea necesario sin comprometer ni diluir el mensaje.

Jesús nuestro modelo de una verdadera tolerancia

Jesús nos proporciona un modelo claro a seguir. Aunque no aprobaba conductas obscenas o deshonestas, y de hecho, las condenaba (Mateo 23:13; Juan 3:20), siempre fue amable y paciente. Trataba a las personas con amor y sostenía diálogos de paz (Juan 5:6; Lucas 9:54-56; 18:40, 41). En lugar de juzgar a la gente, se enfocaba en dar a conocer a Dios (Juan 3:17; 12:44-48). Como Él mismo dijo: "...porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo" (Juan 12:47b, RV-1960).

Jesús se centraba en lo verdaderamente importante y evitaba distracciones. Escogía cuidadosamente las batallas en las que debía luchar. Su motivación siempre fue el amor hacia las personas, aunque rechazaba firmemente el pecado. Manifestaba su desaprobación sin recurrir a la violencia.

Jesús y su Interacción con los Pecadores

Jesús no aceptaba las creencias o prácticas de los pecadores, pero interactuaba y comía con ellos (Lucas 15:1, 2). Los valoraba, mostrándose accesible y actuando con compasión y honestidad. Esta conducta destacaba a Jesús, como se observa en Mateo 7:28-29: “Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas” (RV-1960). La luz de su enseñanza no pasaba desapercibida en la oscuridad.

Curiosamente, Jesús mostraba mayor tolerancia (paciencia, makrothumia) hacia los inconversos que hacia aquellos que afirmaban pertenecer a la iglesia pero predicaban un evangelio distorsionado (falsos profetas y maestros). El Señor no permitía ni consentía (afiemi) a los hipócritas que obstaculizaban el conocimiento de Dios para otros (Mateo 23:2-7, 13, 23-26). Jesús se enojaba de manera adecuada y justificada (Marcos 11:15-19; Mateo 18:7). Por lo tanto, no debemos ser "tolerantes" (afiemi) con aquellos que adulteran el Evangelio, independientemente de si pertenecen o no a nuestro ámbito cristiano.

Tolerancia, permisividad y debilidad

Al adoptar una postura de tolerancia, surge la inquietud de si esta actitud pudiera llevar a justificar las reivindicaciones de otros o a contribuir a la erosión del concepto cristiano de familia. ¿Se disminuye o se socava el verdadero valor e importancia del matrimonio? ¿Se respaldan las creencias ajenas?

La respuesta a cada una de estas preguntas es negativa. Tolerar algo no implica aprobar o excusar un comportamiento o creencia; más bien, se trata de respetar y reconocer que otros poseen creencias y prácticas distintas a las nuestras. No se trata de imponer ni de ser objeto de imposiciones. No es una contienda de egos o ideas. Nuestras herramientas no son carnales, y nuestra lucha tampoco lo es (Efesios 6:12). Nuestros modelos ante la sociedad no se basan en tradiciones humanas, sino en principios bíblicos (Génesis 1:27; 2:22-25). Además, Dios respalda su Palabra (Isaías 55:11).

En conclusión, es esencial comprender que la legislación civil busca resolver problemáticas y cuestiones sociales. Por otro lado, el diseño divino nunca contraviene la dignidad humana. Nuestra responsabilidad es dar a conocer a Cristo y su Mensaje, promoviendo valores cristianos, éticos y espirituales que contribuyan a la construcción de una sociedad más fraternal y compasiva, preocupada por el bienestar de las personas.

Nuestro propósito para hoy

La existencia humana encuentra significado y propósito dentro del llamado divino, tal como se refleja en Efesios 2:10. La vida, según el apóstol Pablo, fue creada por y para Dios, y todo en él subsiste (Colosenses 1:16).

La familia: El valor de la educación cristiana

La familia, base de la sociedad, es el epicentro de la enseñanza cristiana. Las familias cristianas, más que ser simplemente un refugio, son comunidades de fe, esperanza y amor. Estudios, como el de W.B. Wilcox, señalan que familias con fe sólida tienden a fomentar la estabilidad y valores como la honestidad e integridad. Sin embargo, en la sociedad española actual, algunos valores promovidos pueden entrar en conflicto con los valores cristianos. A pesar de estas influencias, la familia sigue siendo el primer espacio de enseñanza de valores, responsabilidad y convivencia.

La familia: El valor de ser sal

Desde el Sermón del Monte, Jesús describe a los creyentes como la "sal de la tierra" (Mateo 5:13). Esta metáfora revela dos interpretaciones:

  • Preservante: Al igual que la sal conserva los alimentos, la familia actúa protegiendo la sociedad de la corrupción moral. Keller sugiere que la iglesia es un refugio de honestidad y compasión, desafiando las corrientes corruptas del mundo.
  • Sazón: La familia enriquece la vida con amor y esperanza, un refugio en tiempos difíciles. C. S. Lewis ve a la iglesia como un espacio de "satisfacción duradera", distinto a los placeres efímeros.

La familia: El valor de ser baluarte y columna de la verdad

La familia cristiana es esencial en la promoción de la verdad en la sociedad. Referenciando 1 Timoteo 3:15, se considera a la familia como:

  • Columna de la verdad: Sostiene y proclama el evangelio, siendo responsable de transmitir la fe a futuras generaciones.
  • Baluarte de la verdad: Funciona como un escudo contra influencias negativas y seculares, defendiendo y protegiendo la fe cristiana.

La familia cristiana no solo es fundamental para enseñar y defender la fe, sino que también es instrumental en la formación de individuos y comunidades arraigadas en la verdad y el amor cristianos.

La familia y el evangelio: Recepción, preservación y transmisión

La metáfora de "ponerse toda la armadura de Dios" mencionada por Pablo en Efesios refuerza el papel vital de la familia cristiana al introducir, mantener y propagar la enseñanza del evangelio:

  • Recepción del Evangelio: Para una familia cristiana, recibir el evangelio es un acto activo que involucra desafíos y demanda un compromiso genuino.
  • Preservación del Evangelio: Consiste en mantener firmemente los principios cristianos, evitando influencias seculares y no conformándose simplemente a las expectativas sociales. Noé, por ejemplo, mantuvo su fe a pesar de la decadencia moral a su alrededor.
  • Transmisión del Evangelio: Las familias cristianas tienen el deber de educar a las siguientes generaciones sobre el evangelio, siguiendo principios como los descritos en Deuteronomio y ejemplificando una vida según Cristo.

El sufrimiento experimentado por mantener y transmitir el evangelio resalta el poder y la perseverancia de la fe cristiana.

La familia: Amar en un entorno desafiante

La familia cristiana tiene la misión de amar en un mundo a menudo resistente. Elegir amar, según H. Nouwen, implica sacrificio y compromiso. Las familias cristianas, en su papel de embajadores de Cristo, deben mostrar el amor divino en todas las circunstancias, buscando superar el mal con bien, como lo enseña Romanos 12:21.

La familia y la compasión

En un mundo donde muchas personas sienten aislamiento y desesperanza, la compasión cristiana es esencial. Es una extensión del amor de Dios, como se ve en la vida de Jesús. Para C.S. Lewis, amar genuinamente significa hacerlo sin condiciones. La verdadera compasión va más allá de la simpatía; implica empatía y acción. Para las familias cristianas, esto se manifiesta en dos formas:

  • Reconocer la realidad: Comprender y simpatizar con las luchas de los demás. Como Boff menciona, es necesario mirar más allá de uno mismo y actuar ante el sufrimiento ajeno.
  • Transformar la realidad: Impulsa a las familias a actuar, tanto a nivel individual como colectivo, para cambiar las realidades injustas, reflejado en la parábola del buen samaritano.

En conclusión, la familia cristiana es fundamental para la sociedad actual. Funciona como educadora de valores, conservadora de la moral, defensora de la verdad, y vehículo del amor y compasión de Dios. En cada aspecto, la familia cristiana juega un papel esencial en el beneficio de la sociedad, demostrando la gracia y la verdad de Dios.

Reinventándonos: Un paso adelante

En nuestra sociedad secular y plural, las familias cristianas afrontan retos para conservar y compartir sus creencias. Esta realidad impulsa dos enfoques: reactividad o proactividad.

Dos modelos de acción.

A continuación, se exponen y detallan estos dos enfoques:

  • Postura reactiva: Se oponen al cambio, actuando frente a amenazas a sus valores. Esto puede derivar en aislamiento y temor al entorno. Su actitud defensiva puede limitar el diálogo con la sociedad, ubicándose en una posición constante de resistencia.
  • Postura proactiva: Es una postura estratégica y abierta. En vez de resistir, buscan interactuar con la sociedad manteniendo sus valores cristianos, encontrando oportunidades para el testimonio cristiano. Participan en la comunidad, optan por educación en el hogar o escuelas alineadas con sus valores. Esta visión proactiva, basada en enseñanzas como el Sermón del Monte, permite ser una influencia positiva y no aislarse.

Tres aspectos de la proactividad.

A continuación, se exponen y detallan estos tres aspectos:

  • La intencionalidad: Hacer algo con propósito definido. En el ámbito cristiano, significa vivir según los principios bíblicos para glorificar a Dios en todas las áreas de la vida.
  • La pertinencia: Se centra en lo adecuado en un contexto. Las familias cristianas deben analizar las necesidades de la sociedad para conectar la fe cristiana con esos retos.
  • La relevancia: Relacionado con la influencia o valor en un contexto. La iglesia y las familias se vuelven relevantes mediante acciones tangibles como el servicio comunitario, promoción de la justicia social, relaciones genuinas y diálogo respetuoso con el entorno secular.

Si se procura prosperar en una sociedad secular, las familias cristianas deben ser intencionales, pertinentes y relevantes. Esto implica vivir la fe genuinamente, conectarla con los desafíos actuales y demostrar su valor práctico. Las familias tienen el reto no solo de relacionarse con una cultura secular, sino también de entender y conectar generacionalmente.

Cinco maneras para alcanzar y mantener una generación

David Kinnaman y Mark Matlock, en "Fe para exiliados", describen cómo la generación joven puede mantener su fe en el mundo digital y secular. Basados en un estudio del Grupo Barna, proponen cinco prácticas:

  • Exilio en la cultura digital: Los jóvenes deben discernir qué partes de la cultura digital son coherentes con la fe cristiana y vivir conforme a ello.
  • Relaciones cristianas profundas: Se necesita cultivar relaciones de fe que se basen en la honestidad, compromiso y vulnerabilidad. Se subraya la importancia de relaciones intergeneracionales para un aprendizaje y apoyo mutuo.
  • Formación cultural y espiritual: La iglesia y la familia juegan un papel vital en la formación espiritual a lo largo de la vida. Es necesario discernir cómo interactuar culturalmente sin comprometer valores cristianos.
  • Vocabulario y discernimiento en vocación: La vocación va más allá de una carrera, es una llamada divina para servir a Dios en todas las áreas de la vida. Es esencial que los jóvenes comprendan y expresen cómo su fe se interrelaciona con sus vidas diarias.
  • Visión de esperanza: Se debe inculcar en los jóvenes una visión de futuro basada en las promesas divinas, pese a los retos de la sociedad digital.

Estas prácticas pueden guiar a jóvenes y familias en la navegación de los desafíos contemporáneos sin comprometer su fe.

Ideas prácticas para la educación cristiana

La educación cristiana familiar ha sido esencial históricamente, pero necesita adaptarse a los tiempos modernos. Algunas propuestas incluyen:

  • Formar alianzas con educadores que compartan valores cristianos.
  • Fomentar la autonomía, la curiosidad y la capacidad de cuestionamiento en los jóvenes.
  • Entender a fondo el gobierno y la legislación para defender valores y derechos.
  • Facilitar conversaciones abiertas, permitiendo a los niños expresar sus dudas.
  • Promover la educación experiencial a través de viajes y actividades.
  • Integrar la tecnología en la enseñanza, aprovechando sus potenciales beneficios.
  • Incorporar juegos y actividades lúdicas en el proceso educativo.
  • Practicar el aprendizaje a través del servicio, enseñando amor y servicio cristiano.
  • Introducir las enseñanzas cristianas en el día a día.
  • Establecer mentorías y comunidades de apoyo.
  • Ser auténticos y mostrar la fe de manera genuina en la vida cotidiana.

Se recomienda el libro Me perdieron de David Kinnaman para más ideas sobre cómo conectarse con la generación joven.

En conclusión, las familias cristianas deben ser proactivas e intencionales en su enfoque educativo, considerando la interacción con una sociedad cada vez más secular. Es vital que la iglesia y las familias creen estrategias para conectar con las nuevas generaciones mediante el evangelio de Cristo.

RESPUESTAS ANTE LAS AMENAZAS ACTUALES A LA FAMILIA CRISTIANA

Presión social y cultural

Es fundamental reconocer una tendencia presente en la iglesia contemporánea: la propensión a caer en un "presentismo miope", es decir, la creencia de que vivimos en los tiempos más corruptos y oscuros de la historia, enfrentando una presión social y cultural sin precedentes. Esta percepción pasa por alto que desafíos similares han sido enfrentados por los creyentes a lo largo de los siglos, como se menciona en Eclesiastés 1:9-10, que afirma que "no hay nada nuevo bajo el sol".

En la actualidad, la iglesia enfrenta una presión intensificada por los medios de comunicación y la globalización, que facilitan la rápida difusión de ideas y valores a través de fronteras culturales y geográficas. Esta presión no solo proviene de fuerzas externas, sino también de la expectativa de renunciar a principios de fe en nombre de una tolerancia mal entendida y una libertad individual mal interpretada.

Ejemplos bíblicos de presión social y cultural

La Biblia ofrece numerosos ejemplos y directrices sobre cómo enfrentar las presiones sociales y culturales. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, Israel y la Iglesia primitiva experimentaron situaciones similares.

  • Los apóstoles enfrentaron la presión del Sanedrín para que cesaran de enseñar en el nombre de Jesús, como se relata en Hechos 4:18-19. Su respuesta, priorizando la obediencia a Dios sobre la obediencia a los hombres, establece un precedente para los creyentes contemporáneos. Este principio de "Dios primero" es fundamental para responder a la presión cultural.
  • La iglesia primitiva, ciertos grupos judíos intentaron imponer prácticas culturales, como la circuncisión, como requisitos para la salvación. La respuesta de la iglesia, influenciada por el ministerio de Pablo y el concilio de Jerusalén, fue rechazar estas imposiciones y afirmar la libertad en Cristo. En Gálatas 5:1, Pablo enfatiza la importancia de mantenerse firmes en la libertad que Cristo otorga y de no someterse nuevamente a un yugo de esclavitud.

Estos ejemplos bíblicos proporcionan una base sólida para que los creyentes actuales enfrenten y respondan a las presiones sociales y culturales con integridad y fidelidad a sus principios de fe.

Consagración y separación ante la presión social

La consagración y la separación son conceptos fundamentales en la respuesta a la presión social y cultural. En hebreo y griego, estos términos connotan estar santificado para Dios y comportarse de acuerdo con ese estado. Dios instruyó al pueblo de Israel a apartarse de las costumbres de otras naciones para evitar la contaminación con prácticas idólatras y religiosas.

Esta separación no implica un aislamiento total, sino la protección del pueblo frente a influencias perjudiciales. También debemos distinguir entre contacto y comunión. En 2 Corintios 6:14, Pablo advierte contra la unión en yugo desigual con los incrédulos, estableciendo una distinción entre el contacto con no creyentes y la comunión que podría debilitar la fe y la obediencia a Dios. Esta distinción es crucial para mantener la integridad espiritual sin aislarse completamente de la sociedad.

Este equilibrio lo encontramos en la oración de Jesús en Juan 17:15 en la que ruega al Padre protección para sus seguidores del mal sin solicitar su remoción del mundo. Esto subraya y afirma la misión de los cristianos de ser luz en el mundo sin ser consumidos por la oscuridad del pecado.

La historia de la iglesia demuestra que la santidad y la separación han sido efectivas para resistir la presión, siempre que no conduzcan a un aislamiento extremo que impida cumplir la misión de ser una bendición para todas las naciones. La clave radica en mantener un equilibrio entre estar en el mundo y no ser del mundo.

Los creyentes deben ser conscientes de la presión social y cultural constante y estar preparados para vivir bajo ella sin contaminarse. Esto implica santificarse y afirmarse en Dios, permitiendo que la luz de Cristo brille a través de ellos en una sociedad y cultura mayoritariamente inmersas en la oscuridad del pecado.

Mantener una presión interna ante la presión social y cultural

Es esencial reflexionar sobre la postura que deben adoptar los creyentes frente a la presión social y cultural. La recomendación bíblica es clara: los creyentes deben resistir la tentación de conformarse a las normas y expectativas del mundo cuando estas contradicen las enseñanzas divinas. Tal como se instruyó a Jeremías, los creyentes deben influir en su entorno sin dejarse influenciar negativamente por él. En otras palabras, se espera que los demás se conviertan a nosotros, y no nosotros a ellos.

Romanos 12:2 nos exhorta a no conformarnos a este mundo. La palabra "conformar" sugiere ser moldeados debido a una presión externa. En este pasaje, se insta a los creyentes a ser transformados mediante la renovación de su entendimiento para discernir y experimentar la voluntad de Dios, que es buena, agradable y perfecta. En este sentido, necesitamos ser llenos de los principios de Dios para mantener una presión interna en nuestras vidas frente a la presión externa que proviene de la sociedad y cultura.

Los ejemplos de los creyentes en la Biblia, junto con sus enseñanzas, proporcionan el aliento necesario para permanecer firmes en la fe, practicar la santidad y la separación adecuada, y ser luz en un mundo oscurecido por el pecado. Este enfoque nos permite mantener un equilibrio entre estar en el mundo, pero no ser parte de él.

La respuesta y misión cristiana ante la presión social y cultural

La respuesta cristiana a la presión social y cultural no debe ser de aislamiento o confrontación, sino de firmeza en la fe y amor. Los creyentes están llamados a respetar y obedecer las autoridades, como se enseña en Romanos 13:1-2, pero también a mantenerse firmes en su compromiso con Dios cuando las demandas de la sociedad entran en conflicto con los mandamientos divinos. La misión y actitud ante la presión social y cultural deben reflejar un equilibrio cuidadoso entre influencia positiva y resistencia a la conformidad, siempre guiados por los principios bíblicos y el amor inquebrantable hacia Dios y la humanidad.

En conclusión, la iglesia debe gestionar de manera cuidadosa el equilibrio entre su compromiso con la fe y su interacción con la sociedad. Este proceso requiere sabiduría, discernimiento y una comprensión profunda de las Escrituras y los principios cristianos. La presión para conformarse a las normas sociales y culturales puede ser intensa, pero la historia de la iglesia demuestra que es posible mantener la integridad de la fe en medio de tales desafíos. Esto es fundamental para que la luz de Cristo y del Evangelio brille con todo su poder transformador.

La sexualidad

En los últimos años, se ha observado un incremento significativo en las enfermedades de transmisión sexual (ETS) entre los jóvenes, subrayando la importancia de adherirse a un enfoque bíblico de la sexualidad. Diversos estudios han demostrado que los adolescentes que se involucran en relaciones sexuales casuales son más propensos a experimentar problemas como la depresión. Estos hallazgos sugieren que las prácticas sexuales fuera de los límites establecidos por los principios bíblicos no solo son espiritualmente perjudiciales, sino que también pueden tener serias consecuencias para la salud mental y física.

Necesidad de un manual de instrucciones

La sexualidad humana, al igual que muchas herramientas y electrodomésticos que utilizamos cotidianamente, requiere un manual de instrucciones para su correcto uso y disfrute. En la sociedad contemporánea, el manejo de la sexualidad se ha desviado considerablemente de su diseño original, lo que ha provocado una serie de disfunciones y riesgos, a menudo originados en el ámbito educativo, donde nuestros hijos deberían estar más protegidos.

Esta desviación se agrava debido a la presión social, que afecta especialmente a los jóvenes, impulsándolos a aceptar una variedad de prácticas sexuales sin poseer el conocimiento o la madurez necesarios para comprenderlas o cuestionarlas. Para contrarrestar esta tendencia, es esencial familiarizarse con las directrices establecidas por nuestro Creador para la sexualidad humana.

Una perspectiva bíblico-teológica sobre la sexualidad

Desde una perspectiva bíblico-teológica, la Biblia se erige como nuestro manual para comprender la sexualidad según el diseño del Creador. La sexualidad, como forma de relación física y emocional y como medio de reproducción, no es un producto del ingenio humano, sino un diseño divino.

Dios creó al ser humano, hombre y mujer, con apetito sexual, un deseo mutuo que nos atrae entre nosotros. A pesar de las distorsiones que han surgido, incluso entre los cristianos, existen principios bíblicos fundamentales que son esenciales para el correcto disfrute de la sexualidad.

  • Sexuados: La Biblia establece que somos seres sexuados, creados como hombre y mujer, con diferencias físicas evidentes y una complementariedad que facilita las relaciones sexuales placenteras y efectivas a nivel reproductivo. Esta complementariedad se refleja en Génesis 2:24, donde se habla de la unión del hombre y la mujer como "una sola carne". Sin embargo, la percepción del sexo se distorsionó con la entrada del pecado en el mundo, transformando una experiencia sin vergüenza en una asociada con la conciencia de la vulnerabilidad.
  • Heterosexualidad: La Biblia presenta un diseño de sexualidad basado en la heterosexualidad, donde la unión física y emocional está destinada a ser entre un hombre y una mujer. Cualquier otro tipo de unión se considera una violación de este diseño biológico divino. Este diseño está orientado al matrimonio, condenando las relaciones sexuales fuera de este vínculo. Las Escrituras son claras en su condena de la infidelidad y extienden la noción de adulterio más allá del acto físico, incluyendo también el deseo codicioso.
  • Monogamia: La monogamia es otro aspecto crucial del diseño sexual según la Biblia. La expresión "se unirá a su mujer" en Génesis 2:24 implica una unión exclusiva entre un hombre y una mujer, excluyendo la posibilidad de terceros. Aunque la Biblia registra casos de poligamia, no los presenta como un ideal divino, sino como parte de la humanidad caída.
  • Santidad: En cuanto a la santidad en la sexualidad, la Biblia separa ciertas prácticas sexuales consideradas pecaminosas, como el incesto, el adulterio, la fornicación, el bestialismo y la homosexualidad. Estas prácticas son censuradas en diversos pasajes bíblicos, incluyendo Levítico, Deuteronomio y las epístolas del Nuevo Testamento. La santidad sexual implica una separación de estas prácticas y una dedicación a la pureza moral dentro del marco del matrimonio.
  • Placer: Contrario a la percepción de que la Biblia condena el placer sexual, se encuentra en ella una celebración del placer dentro de la unión conyugal. Versículos en Proverbios y el Cantar de los Cantares exaltan el disfrute y el deleite en la relación sexual entre esposo y esposa. Estos textos sugieren que el placer sexual no solo es permitido, sino también deseado en el contexto del matrimonio.

La finalidad bíblica de los límites

La restricción de la sexualidad a ciertos límites, según la Biblia, no tiene como objetivo privar a la humanidad del disfrute sexual, sino más bien proporcionar un contexto en el que este pueda ser experimentado de manera segura y plena. Los efectos negativos del abuso y la transgresión sexual son evidentes en la sociedad actual, manifestándose en un aumento de las enfermedades de transmisión sexual y en problemas psicológicos asociados con prácticas sexuales casuales y promiscuas.

La Biblia, por lo tanto, no solo proporciona un marco para el disfrute seguro y pleno de la sexualidad, sino que también advierte sobre los peligros de desviarse de este diseño. La sexualidad, cuando se vive dentro de los límites establecidos por Dios, puede ser una fuente de placer, intimidad y conexión profunda. Sin embargo, cuando se abusa o se desvía de estos límites, puede resultar en consecuencias perjudiciales tanto a nivel individual como social.

Más allá de lo sensual

Desde una perspectiva bíblica, la sexualidad no es solo un acto físico, sino también una unión emocional y espiritual. Esta visión eleva la sexualidad más allá de la mera gratificación física y la sitúa en el contexto de una relación amorosa y comprometida. Por lo tanto, la Biblia no reprime la sexualidad, sino que la guía hacia su expresión más plena y satisfactoria.

En un mundo donde la sexualidad a menudo se trata de manera trivial o se distorsiona, la perspectiva bíblica ofrece una alternativa que busca el bienestar integral del individuo. La sexualidad, vista a través de este lente, se convierte en un medio para fortalecer el vínculo matrimonial, expresar amor y fidelidad, y participar en la creación de vida.

En conclusión, la sexualidad es un aspecto fundamental de la experiencia humana, diseñado por Dios para ser disfrutado dentro de los límites del matrimonio entre un hombre y una mujer. Este diseño no solo busca prevenir daños físicos y emocionales, sino también promover una relación profunda y significativa. En una sociedad que a menudo promueve una visión distorsionada de la sexualidad, es crucial para los cristianos mantenerse firmes en los principios bíblicos, disfrutando de este regalo divino de manera responsable y respetuosa. La sexualidad, cuando se vive según el diseño de Dios, no es una fuente de vergüenza o pecado, sino una expresión de amor, compromiso y santidad.

Paradigma familiar actual

El paradigma familiar para los cristianos evangélicos se establece según el modelo bíblico, que insta a dejar padre y madre para unirse como una sola carne con la pareja (Génesis 2:24, Reina-Valera 1960). Sin embargo, la realidad actual presenta diversos modelos familiares que difieren de este estándar.

Realidad y tipos de familias

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la familia como un conjunto de personas que conviven bajo el mismo techo, con roles fijos, vínculos consanguíneos o no, y modos de existencia económica y social comunes. Esta definición abarca una gama más amplia que el modelo bíblico.

Existen distintos tipos de familias, como aquellas sin hijos, nucleares, homoparentales, reconstituidas, monoparentales, de acogida, adoptivas y extensas. Cada una presenta desafíos específicos en el paradigma familiar actual.

Problemas en el paradigma familiar actual

Algunos de los problemas que pueden surgir en los diferentes núcleos familiares son:

  • Núcleos familiares sin hijos: Desde la Presión social y expectativas es decir expectativas sociales para tener hijos que puede producir sentimientos de soledad o aislamiento o al no tener hijos, dificultades para encontrar significado o propósito, puede provocar también que las relaciones familiares y presiones externas se vuelvan complicadas por ser presionados o juzgados.
  • Núcleos familiares nucleares o biparentales: Problemas de comunicación o la diferencias en la crianza de los hijos por los padres tener diferentes estilos o valores que causan conflictos añadiendo el estrés y sobrecarga debido a la responsabilidad compartida de la crianza equilibrando el trabajo.
  • Núcleos familiares homoparentales: Discriminación y estigma son uno de los factores más significativos que pueden provocar que el acceso a la adopción o reproducción asistida sean verdaderos desafíos legales o barreras institucionales, añadiendo a la crianza después otros factores como la construcción de roles parentales y la explicación a los hijos sobre la estructura familiar.
  • Núcleos familiares monoparentales: La responsabilidad única reflejada en los desafíos financieros y el equilibrio trabajo-vida personal son desafíos que una única persona ha de afrontar y equilibrar.
  • Núcleos familiares extendidos: Los conflictos de roles en la toma de decisiones y las dificultades de convivencia al vivir diferentes estilos de vida, valores o expectativas dificultan el crecimiento de la familia y la distribución de responsabilidades de manera equilibrada.
  • Núcleos familiares adoptivos: Se generan problemas de apego y de establecimiento de lazos afectivos seguros por causa de traumas y experiencias pasadas: generando dificultades en comprender y aceptar su identidad adoptiva y personal, provocando dificultades de comportamiento: tales como: agresividad, regular su conducta, problemas de atención o hiperactividad.
  • Núcleos familiares de acogida: Baja temporalidad es el factor clave en el intento de formación o de su ajuste y adaptación a un nuevo entorno, rutinas y dinámicas. Si lo unimos a los traumas y experiencias pasadas que generan un impacto significativo en su desarrollo emocional y a las difíciles relaciones con los padres biológicos presentando desafíos emocionales y logísticos para los padres de acogida, generan confusión o lealtades divididas. La coordinación con servicios y agencias les recuerda su anterior situación y la despedida y pérdida generan sentimientos de tristeza y pérdida.
  • Núcleos familiares compuestos o reconstruidos: Se generan en ellos conflictos intergeneracionales, dificultades de comunicación y en la distribución de responsabilidades al estar acostumbrados a formas diferentes. El Espacio y privacidad se ven limitados y los conflictos financieros relacionados con manejar los gastos compartidos o contribuciones económicas del divorcio anterior junto con las diferencias de crianza: Diferentes trasfondos o estilos de crianza, hacen surgir desafíos adicionales, especialmente en lo que respecta a creencias religiosas.

Amenazas actuales contra el modelo cristiano

Algunas de las amenazas que han afectado a las familias cristianas en el pasado y que se siguen replicando en el presente, pero en otros formatos incluyen:

  • Persecución religiosa: Aunque podamos gozar de ciertas libertades en España siempre hay un cierto estigma ante el pensamiento evangélico.
  • Discriminación: En algunos lugares, las familias cristianas han experimentado discriminación social, política o laboral debido a su fe. En la actualidad, temas discriminatorios como es el bullying están asociados muchas veces a temas religiosos al comportarse de una manera totalmente diferente y tener diferentes pensamientos.
  • Secularización y relativismo moral: Desafíos para mantener y transmitir sus valores y creencias en un entorno que promueve el relativismo moral y la indiferencia religiosa. Entornos escolares y laborales se vulnera nuestro pensamiento llegando a estar estigmatizados o mismamente burlados por causa de pensar diferente a nivel moral.
  • Influencias culturales negativas: Desafíos para mantener sus valores y principios en un entorno cultural que a menudo promueve ideas y comportamientos contrarios a la ética cristiana.
  • Desafíos educativos: Las familias cristianas pueden encontrar dificultades para transmitir y educar a sus hijos en su fe, especialmente si hay una falta de comprensión o tolerancia hacia las creencias religiosas. Desde creencias científicas, hasta creencias sociales, se nos inculca a nuestros hijos no al respeto sino a la asimilación de pensamientos contrarios a nuestros valores cristianos.

El divorcio, la separación y la disolución de matrimonios son aspectos que afectan profundamente a las familias, generando inseguridad, estrés y ansiedad. Este impacto se extiende a lo largo de generaciones, creando ciclos intergeneracionales de desestructuración familiar.

La intervención y el apoyo son necesarios para abordar estos problemas, proporcionando terapia familiar, terapia individual, programas de educación parental y apoyo comunitario. Los recursos comunitarios cristianos y las redes de apoyo pueden desempeñar un papel crucial en fortalecer a las familias y brindar estabilidad.

En conclusión, es imperativo generar espacios de intervención y apoyo para las familias, uniendo fuerzas a través de recursos comunitarios y redes de apoyo cristianos. Esto contribuirá a la formación efectiva de núcleos familiares estables, impactando positivamente en las generaciones futuras.

Redes sociales

En la era digital, las redes sociales se han convertido en una presencia omnipresente en la vida cotidiana, transformando la forma en que nos comunicamos, interactuamos y percibimos el mundo. Si bien estas plataformas ofrecen oportunidades para la conexión y el intercambio de información, también presentan amenazas significativas a la familia cristiana. Desde la exposición a contenidos inapropiados hasta la erosión de la comunicación auténtica y la intimidad familiar, las redes sociales pueden socavar los valores y principios que sustentan el hogar cristiano. Desde una perspectiva cristiana, es vital abordar estas amenazas con discernimiento y firmeza, buscando maneras de proteger y fortalecer la unidad familiar en medio de un entorno digital en constante evolución.

Redes sociales: de la amenaza a la oportunidad

La realidad global presenta batallas a la familia cristiana que, pocas décadas atrás eran inimaginables. En esa batalla, las RRSS plantean una de las tareas más desafiantes y complejas, poniendo a prueba nuestra capacidad de recibir, evaluar y discriminar un volumen de información constante y abrumador.

En este aspecto, la familia cristiana, con los progenitores al frente, debe ceñirse “la armadura de Dios” (Efesios 6:11, Reina- Valera 1960) y ser intencionalmente proactiva en proteger y preservar los valores de la Palabra de Dios en el hogar como sistema tanto de defensa como de ataque ante las amenazas que las RRSS plantean en la vida familiar. Pues las RRSS son una amenaza y, una oportunidad.

Entender y analizar el mundo de las redes sociales

En un mundo complejo y globalizado, las redes sociales desempeñan un papel fundamental en la transmisión y recepción de información, alcanzando a millones de personas en cuestión de minutos. Esta realidad representa un enorme desafío para la familia cristiana contemporánea, lo que nos lleva a considerar algunas cuestiones importantes: ¿Nos afecta esta influencia como cristianos? Y de ser así, ¿en qué medida? ¿Cuál es el papel de las redes sociales en la formación e información de nuestros hijos? ¿Cómo debemos responder ante tal influencia?

La familia cristiana no es inmune a la influencia de las redes sociales. De hecho, nuestro estilo de vida comunitario y congregacional, la búsqueda de medios para la predicación y la extensión del Evangelio, así como el deseo de estar conectados y recibir formación bíblica constante e inmediata, nos expone tanto o más que a los no creyentes. Por lo tanto, la respuesta a la primera pregunta es afirmativa: las redes sociales afectan significativamente a la familia cristiana de hoy.

Las redes sociales nos afectan de diversas maneras:

  • Creando la ilusión de estar más informados, cuando en realidad estamos menos conectados y, con frecuencia, mal informados.
  • Exponiéndonos a contenidos que desafían nuestros principios éticos.
  • Distorsionando la realidad hasta el punto de no poder distinguirla de la ficción.
  • Distrayéndonos de lo esencial, enfocándonos en lo superficial y nocivo.

En cuanto al papel de las redes sociales en la formación e información de nuestros hijos, debemos ser honestos: las redes sociales juegan un papel crucial en este aspecto. De hecho, los jóvenes son probablemente los más expuestos y vulnerables a esta influencia, al punto de que muchos no son capaces de distinguir entre el mundo real y el de las redes sociales. Ante esta realidad, es imperativo ser conscientes de las medidas que debemos implementar para mitigar estos efectos y guiar adecuadamente a nuestros hijos en el uso de estas plataformas.

La falta de actualización representa una tentación significativa para la familia cristiana, presentando numerosos inconvenientes, entre los cuales destacan la indefensión, la incapacidad y la irrelevancia.

La mejor defensa es un buen ataque

Las Escrituras nos enseñan que "las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios" (2 Corintios 10:4-5, Reina-Valera 1960). Como hijos de Dios, poseemos todos los recursos necesarios para enfrentar cualquier situación, por lo que debemos ser intencionales y proactivos en nuestra preparación y acción.

Creatividad para glorificar al creador

Desde el comienzo, Dios se reveló como el Creador: "En el principio creó Dios los cielos y la tierra" (Génesis 1:1, Reina-Valera 1960). Al haber sido creados a su imagen y semejanza, tenemos el potencial de ser creativos y relevantes en cada época y generación. Las redes sociales, entonces, se presentan como una oportunidad que Dios nos ofrece para cumplir su obra.

Mensajeros de lo eterno con lenguaje modern

La realidad social actual nos obliga a mantenernos actualizados. Un principio bíblico que resalta la importancia de vivir al día para ser efectivos en la obra de Dios es que David "sirvió a su propia generación según la voluntad de Dios" (Hechos 13:36, Reina-Valera 1960). Asimismo, el apóstol Pablo aplicó este principio para alcanzar al mayor número de personas de su generación, afirmando: "Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos" (1 Corintios 9:22, Reina-Valera 1960). Las redes sociales, desde esta perspectiva, son herramientas divinas para proclamar el mensaje del Evangelio.

Autenticidad en un mundo de apariencias

En una sociedad donde las apariencias son predominantes y las redes sociales juegan un papel crucial, los creyentes, tanto individualmente como en familia e iglesia, deben acercarse a estas plataformas con espiritualidad, perspectiva, prudencia y propósito. Estamos llamados a anunciar "las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable" (1 Pedro 2:9, Reina-Valera 1960). En un mundo de hipocresía y falsedad, nuestras redes sociales deben reflejar fielmente nuestra identidad y acciones como hijos de Dios.

Debemos utilizarlas para mostrar la realidad de nuestra vida personal, familiar y eclesiástica, dando testimonio de la obra de Jesús en nosotros y nuestras familias. Como hijos de un Dios bueno, las redes sociales nos brindan la oportunidad de mostrar a Jesús y reflejar la imagen divina en nosotros de manera práctica y bíblica.

En conclusión, 1 Crónicas 12:32 (Reina-Valera 1960) dice: "De los hijos de Isacar, doscientos principales, entendidos en los tiempos, y que sabían lo que Israel debía hacer, cuyo dicho seguían todos sus hermanos." Este ejemplo subraya la importancia de comprender los tiempos y actuar con sabiduría, un principio fundamental para la familia cristiana en la era digital.

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